El infierno como prólogo


Poco queda ya de Alepo, antaño corazón económico de Siria, tras cuatro años de intentos de Al Asad de arrebatársela a los opositores. «Es como uno se imagina el infierno», escribió en un informe Amnistía Internacional. Pocos edificios quedan en pie, los cascotes inundan sus calles y el cementerio hace tiempo que se quedó pequeño.

Desde el 2012, los civiles sobreviven con la escasez, la muerte y el horror que les lanzan periódicamente los aviones del régimen, incluidos los baratos y devastadores barriles bomba (bidones llenos de explosivos y metralla). Ayer de madrugada misiles rusos, según testigos, acabaron con el único hospital que quedaba en pie y con decenas de vidas, entre ellas la del único pediatra del barrio rebelde. Un crimen de guerra que finiquita definitivamente la tregua.

La batalla final por Alepo se acerca. El recrudecimiento de los combates hace unas semanas provocó el éxodo de la población hacia la frontera turca y hace presagiar el inicio de la ofensiva definitiva. El Ejército de Bachar al Asad confirmó ayer que es cuestión de días.

De la suerte de Alepo depende el devenir de la guerra. Con su captura, Damasco y Moscú tendrán muchas más fichas que jugar en las negociaciones de paz. En medio dejarán un largo reguero de vidas de civiles inocentes.

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