El Gobierno congela los planes para aumentar la contribución a la coalición internacional
27 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Los dos últimos grandes atentados yihadistas en suelo europeo han pillado a España en una situación de inestabilidad política. El de París, a poco más de un mes de las elecciones generales; el de Bruselas, con un Gobierno en funciones y la posibilidad cada vez más presente de que los ciudadanos tengan que acudir de nuevo a las urnas el 26 de junio. Después de estos devastadores ataques, España debería afrontar el compromiso que le demandan sus socios europeos para que aumente su presencia militar sobre el terreno. Estados Unidos también presiona. En ese sentido, los aliados empiezan a desconfiar de la fiabilidad española. Pero Mariano Rajoy no quiere tomar decisiones al estar en funciones.
Nuestro país participa en la coalición internacional contra el autodenominado Estado Islámico con unos 300 militares desplazados en Irak, que están dedicados a la formación de las fuerzas armadas locales que deben combatir a los yihadistas. Tras la matanza de la capital francesa del pasado 13 de noviembre, surgió la polémica de si España debía incrementar su presencia en Irak e incluso participar en los bombardeos sobre el EI en ese país y en Siria, como es el caso de Francia, Reino Unido, Italia, Dinamarca, Holanda o Bélgica, que ha decidido enviar sus cazas F-16 tras los ataques del martes.
Treinta guardias civiles
Aunque Francia hizo una petición de ayuda a sus socios europeos, el Gobierno decidió dejar las cosas como estaban, escudándose en que París no realizó ninguna demanda oficial concreta a nuestro país. Entonces estudió muy seriamente la posibilidad de enviar efectivos para sustituir a las tropas galas en el África subsahariana para que estas se pudieran centrar en Siria, pero finalmente lo descartó por la proximidad de las elecciones. Ahora, es aún más complicado tomar decisiones. De hecho, el Gobierno en funciones tiene sobre la mesa un plan para aumentar la contribución española a la lucha antiyihadista, que consiste en enviar 30 guardias civiles a Irak para instruir a la policía local, lo que es cada vez más necesario dado que las tropas iraquíes están recuperando pueblos y ciudades, en las que hay que mantener el orden, una vez expulsados los terroristas. Los acompañarían otros cien militares. El plan está listo desde hace al menos dos meses, pero ha quedado paralizado por la interinidad política. El Gobierno en funciones tendría que pedir la autorización del Parlamento, que se la otorgaría por una amplia mayoría, con el apoyo asegurado de PP, PSOE y Ciudadanos. Pero hay que tener en cuenta que el tercer partido con mayor representación parlamentaria, Podemos, no está en el pacto antiyihadista, y sería la nota discordante. Sin embargo, hay juristas que dudan de que un Gobierno en funciones, que debe limitarse a gestionar los asuntos ordinarios, salvo «casos de urgencia» o «por interés general», pueda enviar efectivos a una zona de conflicto. En todo caso, las fuerzas de seguridad no han bajado la guardia en el frente interno de la lucha contra el yihadismo y se mantienen en alerta.
EE.UU. lleva tiempo presionando a sus socios europeos para aumentar su participación en la coalición. Tras los atentados de Bruselas, les ha pedido más compromiso. En el caso de España, quiere que los militares participen en el asesoramiento a las fuerzas locales en acciones operativas.
El hecho de que el Gobierno en funciones se niegue a ser controlado por el Congreso, incluso a que el presidente dé explicaciones sobre los Consejos Europeos, indica que no está por la labor de actuar y será el próximo Ejecutivo el que decida. Esto puede retrasar cualquier medida hasta después de septiembre si se repiten los comicios. Demasiado tiempo.
Debilitar al Estado Islámico
Los expertos consideran decisivo debilitar al Estado Islámico en Siria e Irak para que pierda poder de atracción entre los jóvenes musulmanes europeos. La labor de la coalición internacional liderada por EE.UU. es crucial. El EI ya ha perdido cerca de un tercio del territorio del que disponía en ambos países. Pero el retroceso sobre el terreno representa paradójicamente un peligro a corto plazo, ya que los yihadistas lo pretenden compensar con ataques espectaculares en Europa.