Hacia un final de partida

Miguel Murado
Miguel-Anxo Murado EL MUNDO ENTRE LÍNEAS

INTERNACIONAL

Un alto el fuego raramente es una opción neutra. Favorece a un bando y perjudica a otro. Generalmente, favorece al que va perdiendo. Ese es el sentido del alto el fuego en Siria promovido en Múnich por las potencias: intentar, como sea, rescatar lo que queda de las milicias rebeldes, desarboladas por la aviación rusa y acosadas por el ejército sirio y sus aliados, la milicia libanesa Hezbolá y los grupos cristianos, alauíes y kurdos. Precisamente un dato importante de estos días, y que ha pasado algo desapercibido, es que las fuerzas kurdas del YPG se han ido abiertamente del lado del Gobierno, tras varios años de mantener una cierta ambigüedad. Ahora combaten en Alepo codo con codo con las tropas de Asad contra los islamistas.

¿Se mantendrá ese algo el fuego? En realidad, importa poco, y esa es la clave de la cuestión: el alto el fuego pretende proteger a una fuerza que ya no existe y que quizás no haya existido nunca como tal fuerza decisiva: la de los «rebeldes moderados». Por eso los rusos no han tenido ningún problema en firmar, e incluso promover, la tregua de Múnich: porque en el acuerdo se aclara que se permiten acciones militares ofensivas contra los grupos considerados terroristas, el Estado Islámico y el Frente Al Nusra. Y esas dos organizaciones son realmente las únicas a las que Asad y sus aliados tienen que derrotar para ganar la guerra.

Su objetivo inmediato, lo que queda del Alepo rebelde, está precisamente en manos de al Nusra. La siguiente estación, Idlib, es el bastión de esta filial de Al Qaida. Luego vendría Deraa, al sur, la ciudad fuertemente islamista en la que empezó la revuelta hace cinco años y que no fue tan pacífica como a muchos les gusta imaginar. También allí Al Nusra forma parte del cóctel de milicias que combaten a Damasco, con el insólito apoyo de Israel, que los auxilia desde el Golán ocupado, al otro lado de la frontera. Si la política hace extraños compañeros de cama, la guerra ya no digamos.

En cuanto al Estado Islámico (EI), también ha comenzado la carrera por sus despojos. Una brigada del ejército sirio se ha puesto en marcha desde Alepo en dirección a Raqa, la capital oficiosa del Califato. Su primer objetivo es tomar el aeropuerto militar de Tabaqah para poder abastecer ese frente. Esto es lo que explica que Turquía y Arabia Saudí, que han mostrado tan poco interés en luchar contra el EI, se apresuren ahora a decir que mandarán tropas terrestres para invadirlo. Se trataría de ganarle a Asad por la mano y usar el territorio del Califato como moneda de cambio en una negociación. Turquía piensa que, de paso, podría además neutralizar a los kurdos. De momento, nadie se toma demasiado en serio estos planes de invasión, pero Riad y Ankara han hecho tantos disparates últimamente que no hay que descartar que incurran en una temeridad así.