El mandatario estadounidense analiza su legado presidencial y explica su visión de futuro en el último discurso sobre el estado de la Unión. La carrera hacia las urnas ya ha comenzado
13 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Hay un momento en los segundos mandatos de los presidentes de Estados Unidos que señala claramente que aquello se acabó y que coincide con el último discurso sobre el estado de la Unión. Es ahí donde comienza el largo adiós a la Casa Blanca, un trance al que Obama se enfrentó ayer. Aún le queda un año en el cargo hasta que en enero del 2017 sea investido el vencedor en las elecciones de noviembre, pero el discurso de anoche fue, seguramente, su última posibilidad e dirigirse a una enorme audiencia en horario de prime time. Es lo que marca la diferencia. Si los otros siete discursos los dedican los presidentes a decir lo que pretenden hacer, este último es un análisis de lo que han hecho. Lo que se conoce como legado presidencial.
El legado presidencial
La intención de Obama anoche fue también por ahí. Su repaso tenía dos objetivos. Por un lado, intentar fijar la idea de que ha sido un buen presidente y, por otro, hacer campaña. Porque indisolublemente unido a este último discurso está el hecho de que el país se encuentra en campaña y que, cuanto más alta sea la valoración del presidente, más posibilidades tiene su partido de volver a ganar. Así que el discurso tenía también como objetivo impulsar a la casi segura candidata demócrata, Hillary Clinton.
Igual que él mismo lo hizo anoche, el resto del país también está ya valorando ese legado. Periodistas, analistas políticos, historiadores? todos ellos dan su opinión sobre los logros del primer presidente afroamericano de EE.UU. La ideología marca esa valoración, como es lógico. Los que lo ven de forma positiva se fijan en aquellos aspectos que van a quedar indisolublemente unidos a su presidencia: la economía creció un 17,8 % y el empleo pasó de una tasa de paro de casi el 10 % al pleno empleo; aprobó la reforma sanitaria; disminuyó la población carcelaria y puso fin a las dos guerras en las que su país estaba embarcado cuando llegó a la Casa Blanca.
Pero su objetivo era, más que resaltar todo esto, explicar su visión del futuro y de cuál es la posición de su país. Y esa visión es la defensa de la diplomacia como vía para solucionar los conflictos y el convencimiento de que el terrorismo del Estado Islámico o Al Qaida no es en realidad un peligro catastrófico para EE.UU. Ninguna de las dos posturas tiene excesivos seguidores en su país y hora solo le queda un año para acabar de convencerlos.