Nuevo intento de Obama en su guerra contra las armas

Victoria Toro NUEVA YORK / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

ROBYN BECK | AFP

El Estado Islámico califica de «soldados del califato» a los autores de la matanza de San Bernardino

06 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

«Hay personas peligrosas que tienen prohibido subir a un avión pero pueden entrar en una tienda y comprar un arma. Es de locos», dijo Barack Obama ayer al pedir una vez más al Congreso que limite el «insensato» acceso a las armas. En su mensaje habitual de los sábado, el presidente calificó por primera vez de acto terrorista la matanza de San Bernardino. «Es muy posible que los atacantes se hubieran radicalizado. Si fue así, este caso ilustra la amenaza a la que nos enfrentamos desde hace años; el peligro de gente que sucumbe a las ideologías violentas extremistas», apuntó. No obstante, enfatizó: «No nos dejaremos aterrorizar».

Unas horas antes, el Estado Islámico anunció en su emisora de radio Al Bayan que dos de sus seguidores perpetraron el ataque de San Bernardino. Se refirió a Syed Farook y Tashfeen Malik como «soldados del califato» que «murieron en el camino de Alá». No obstante, no reivindicó de forma explícita el atentado como sí hizo en los atentados de París y en el derribo del avión comercial ruso sobre el Sinaí.

El FBI cree que Malik y Farook no formaban parte de una célula terrorista ni tenían contacto directo con el EI, por lo que no tienen indicios de que se trate del primer ataque del grupo yihadista en territorio estadounidense.

El tiroteo contra el Inland Regional Center ha vuelto a poner sobre la mesa el control de armas, que provoca una media de más de un muerto al día. Un asunto que divide a Estados Unidos. A la cabeza de los que están a favor de aumentar el control está Obama y los tres candidatos demócratas a las elecciones del 2016. También algunos medios como The New York Times, que ayer publicó un editorial en portada por primera vez desde hace 95 años para instar al «fin a la epidemia de armas en Estados Unidos».

En el extremo contrario están la inmensa mayoría de los republicanos pero también algunos demócratas y más del 50 % de la población del país. Los candidatos conservadores a las primarias fueron tan claros en sus posturas como los demócratas en las contrarias.

Todos se refirieron a la situación como una guerra, «Ellos nos han declarado la guerra -dijo Jeb Bush-. Ahora nosotros tenemos que declarársela a ellos». Todos acusaron a Obama de ser demasiado blando con el Ejército Islámico y criticaron sus llamamientos al control de armas. Ted Cruz, por ejemplo, habló a favor de las armas desde un campo de tiro: «Lo que nos mantiene a salvo es el derecho dado por Dios para proteger nuestros hogares, a nuestras familias y nuestras vidas».

Una mujer radicalizada que ocultaba su rostro

Tenía 29 años, fue una estudiante brillante, madre de un niña de siete meses y una fanática que ocultaba su cuerpo y su rostro. Tashfeen Malik había nacido en la región de Punyab, feudo de salafistas en Pakistán, en el seno de una familia educada, políticamente influyente y muy radicalizada.

La familia se traslado a Arabia Saudí, donde se había ido a trabajar el padre hace unos 25 años. Malik regresó a Pakistán para estudiar Farmacia. Sus profesores dicen que era «una joven brillante» pero sus compañeros lo que recuerdan de ella es su radicalización. Una compañera, Abdia Rani, aseguraba: «Poco a poco se volcó hacia la religión y se volvió cada vez más seria. Pero jamás imaginamos que tuviera vínculos con extremistas o que ella fuera una extremista». En ese tiempo viajó a Islamabad para conocer a Maulana Abdul Aziz, el clérigo radical de la Mezquita Roja vinculado a Al Qaida.

La joven conoció a su marido en una web de citas a la que musulmanes acuden para buscar esposa. Farook viajó hasta Riad para conocer a la que había de convertirse en su mujer. Eso fue en su primer viaje, en el segundo llegó ya con el propósito de casarse con Tashfeen y viajar con ella hasta San Bernardino, donde él vivía junto a su madre.

En California, Farook comentó en la mezquita que lo que le llevó a elegir a Tashfeen y a considerar que «sobresalía entre el resto de las mujeres» fue que usaba niqab, que cubre por completo el cuerpo y el rostro y solo deja ver los ojos.

En el escaso año y medio que Tashfeen vivió en California jamás se mostró ante un hombre que no fuera su marido sin ese ropaje, hasta que cometió el atentado. Después del ataque y tras entablar un tiroteo con la policía acabó muerta en medio de una calle y lo que llamaba la atención de su cadáver era el sujetador rojo a la vista de todos.