«Tiene que haber un cambio en el país, sea mejor o peor»

Tamara Montero
Tamara montero REDACCIÓN / LA VOZ

INTERNACIONAL

El consulado en Vigo tiene registrados a 10.400 venezolanos, que no tienen derecho a voto en estos comicios

06 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde la barrera. Así verán los 10.400 venezolanos que viven en el noroeste de España esta jornada electoral en su país. Porque la ley establece que hay voto exterior cuando se trata de comicios presidenciales y de referendos, pero no en el caso de elecciones parlamentarias. Lo explica el cónsul general de Venezuela en Vigo, Juan Franco, que también matiza que hay más venezolanos en Galicia y Asturias -zonas de influencia del consulado de Vigo- porque no todos los que llegan al país se registran en el consulado.

Lo cierto es que las elecciones preocupan entre la comunidad venezolana afincada en Galicia. «Los chavistas no van a soltar el poder», vaticina Consuelo Ruiz, que lleva once años viviendo aquí. Ella no lo ve claro. «Toda la gente con la que yo hablo dicen que hasta los mismos chavistas se han desligado mucho del proceso» y que «si gana la oposición, que yo creo que van a ganar, ellos van a salir a hacer daño».

PACO RODRÍGUEZ

Olga Martínez, gallega emigrada en Venezuela que volvió hace nueve años a su país natal, comparte su temor. Ella tiene allí un hijo. «Tengo miedo», afirma. «De las declaraciones del presidente» y de que «si pierde va a haber mucha sangre. Porque allá se hace lo que ellos dicen, los votos los cuentan a su manera. Con ellos solo está una parte pequeña de la población, porque la mayoría pasa hambre».

XOÁN A. SOLER

La «pura miseria» a la que se refiere Consuelo la resume en una frase: «Tengo familia allí y la gente pide hasta que les mandes aspirinas, que allí no hay». Una amiga de Olga, hace poco, llegó al supermercado y compró potitos. «No tiene niños en casa, pero es que no había nada más».

Desabastecimiento

Del desabastecimiento habla también Carlos Mosteiro, hijo de gallegos que hace tres meses, y ante la inseguridad creciente en el país - «muere más gente que en una guerra», puntualiza-, decidió volver a Galicia con su esposa, venezolana sin raíces europeas, y sus tres hijos pequeños. «Hay gente que la noche anterior a que lleguen las cosas duerme en las puertas de los establecimientos para, a primera hora, comprar todo y luego revenderlo cuatro o cinco veces más caro en los mercados informales».

Álvaro Ballesteros

Ellos, a los que su negocio familiar les daba dinero, podían «acceder a la comida». Pero hay otras personas que no. Y se cansó de situaciones como las que relata Olga: «Allí no se respetan los semáforos en rojo porque si te paras van a por ti». Los coches, explica Carlos, tienen que tener alarma y un sistema de seguimiento por GPS. En la ciudad en la que él vivía en Venezuela, de unos 100.000 habitantes, «la media de robos de coches es de siete al día». Piden un rescate por el vehículo «y muchas veces la gente negocia con los ladrones porque hasta la policía está corrupta», lamenta. A él intentaron extorsionarlo después de que a su mujer le pusieran una pistola en la cabeza para llevarse su vehículo.

Los venezolanos afincados en Galicia coinciden en cuál es el origen de esta situación, y Carlos Mosteiro lo explica claramente: la salida de dólares en grandes cantidades del país, que ha llevado a un mercado negro de cambio de moneda y a unas grandes caídas en las exportaciones. «Venezuela producía petróleo y el resto lo importaba. Pero si sacas de la hucha más de lo que entra y no pagas a los proveedores al final te cortan el chorro». Y cortaron el chorro. Por eso «en Venezuela tiene que haber un cambio, sea mejor o peor, como sea, pero tiene que haber un cambio», dice Carlos. «La corrupción está centralizada en el poder» y la Asamblea Nacional «es donde se puede dar un giro». Ahora, avisa de que, de ganar la oposición, «tienen que hacer cosas», porque si nada cambia, «el pueblo se va a ir con este Ejecutivo». Gobierno que Olga califica de dictadura y Carlos de régimen. Algo ante lo que la comunidad internacional, dicen, no hace nada. «Venezuela interesaba mucho cuando había petróleo, ahora no interesa nada», denuncia Consuelo, que se queja de la pasividad del resto de países. También Olga quiere que «el mundo se entere, que no digan que hay democracia. Hay dictadura, te matan por nada». Y puntualiza: «Hay que vivirlo para saber lo que es. Y esto es más serio de lo que el mundo imagina».

Ahora, lamenta Consuelo, lo que queda de un país «de buena gente, que se ayudaban unos a los otros», es «mucho odio». Es que los sicarios apenas cobran 100.000 bolívares -«que es nada», aclara Carlos- por «apretar el gatillo» y llevarse una vida por delante. «El mejor negocio hoy en Venezuela es ser delincuente», apostilla con pena Mosteiro. «Antes venían de vacaciones y se llevaban en la maleta perfumes y regalos. Ahora se van con maletas llenas de lentejas. Solo quieren comida», explica Olga. «Estas elecciones son un teatro», avisa Consuelo. Y verán el acto final desde Galicia. Pero con el corazón puesto en su país.