«No espero nada de los líderes de la UE. Son mentirosos e hipócritas»

Cristina Porteiro
Cristina Porteiro BRUSELAS / CORRESPONSAL

INTERNACIONAL

Imagen de un grupo de refugiados llegados ayer a Austria
Imagen de un grupo de refugiados llegados ayer a Austria OGNEN TEOFILOVSKI | REUTERS

Un asilado se pregunta cuánto sufrimiento necesitan para que reaccionen

01 sep 2015 . Actualizado a las 10:02 h.

«No espero nada de los líderes europeos. Son mentirosos e hipócritas», asegura tajante Hasán antes de dar otro sorbo a su taza de café. Este diseñador de web de 50 años llegó a Bélgica en la década de los 80. Abandonó Siria por las mismas razones que hoy empujan a miles de jóvenes de su país a emprender un peligroso y a menudo mortal viaje a Europa. Él llegó como tantos otros, de forma ilegal. No tuvo otra opción. Su familia, cercenada por el asesinato de varios miembros a manos del régimen de Al Asad padre, lo había perdido todo. La escena se repite treinta años más tarde: «La comunidad internacional simplemente mira y calla», se queja. 

Su sentir es compartido por muchos otros refugiados que acaban de instalarse en Bruselas tras sobrevivir a la salvaje ruta de los Balcanes. No saben cuánto más deberán sufrir para lograr que los dirigentes europeos reaccionen. «Europa es el sueño de todos ellos. En Siria no queda nada. La gente ha empezado a comer la hierba. No queda nada que llevarse a la boca», se lamenta Hasán antes de cerrar los ojos y desear en alto que su hijo de 22 años logre atravesar con vida los miles de kilómetros que les separan: «Lo intentará, no hay otro modo», apunta resignado. 

Sin respuesta única por ahora

Hasta ahora los líderes europeos no han sido capaces de articular una respuesta humanitaria común a los miles de desplazados que, huyendo de la persecución política y la guerra en países como Siria, Irak o Eritrea, llaman desesperados a las puertas  del Viejo Continente. Tras las concertinas que se erigen en las fronteras, Europa esconde sus vergüenzas. La crisis migratoria ha hecho germinar una crisis de valores en la UE. «Europa no se construye haciendo vallas y muros, sino tendiendo puentes», repite una y otra vez el presidente de la Comisión Europea, Jean- Claude Juncker. Hungría ignora las llamadas de Bruselas para que otorgue un trato más humanitario a los miles de migrantes que cruzan cada día su territorio, blindado por una valla de púas de 175 kilómetros. Budapest se niega además a aceptar a alguno de los 40.000 refugiados incluidos en el plan de cuotas de reubicación diseñado por Juncker. Y no es el único. La República Checa también se ha sumado a la alianza de países contra la acogida obligatoria. «Las cuotas sería el camino equivocado. Mi opinión no ha cambiado», aseguró sin inmutarse su primer ministro, Bohuslav Sobotka, tras la advertencia hecha ayer por Angela Merkel

Eslovaquia, Eslovenia, Polonia y España tampoco han respondido a la llamada de auxilio lanzada por otros socios europeos que reclaman un reparto más justo. Alemania, que recibirá este año 800.000 nuevas solicitudes de asilo, Francia, Italia, Grecia y Austria han elevado el tono de sus críticas hacia sus socios europeos por dar la espalda a una crisis humanitaria que están batallando solos. La tensión es tal entre ambos frentes que desde Berlín y Roma han insinuado que esta crisis puede desembocar en el fin de la libre circulación en el espacio Schengen. La ministra austríaca del Interior, Johanna Mikl-Leitner, fue más allá y propuso ayer reducir e incluso suprimir las ayudas europeas a los socios de la UE que se nieguen a recibir más refugiados para aliviar la presión de otros países.

Ese el «el precio que está pagando Europa por años de silencio mirando hacia otro lado», asegura Hasán antes de volver la vista al fondo de su tazón y asegurar con lástima que nadie los ayudará: «La gente prefiere no abrir los ojos. Basta que puedan ver un Barça-Madrid». «Otras personas seguirán sufriendo, seguirán viniendo de forma ilegal. Seguiremos teniendo víctimas en el mar, víctimas en las fronteras. No tiene fin», sentencia.