El narco que escapó dos veces de una cárcel de alta seguridad

El Chapo fue detenido por última vez en el año 2014, después de huir en el 2001 del penal de Puente Grande de Jalisco


méxico / Afp

Apodado el Chapo como diminutivo de chaparro (por su corta estatura, de 1,55 m), Guzmán nació el 4 de abril de 1957 en Badiraguato, Sinaloa, la región mexicana más emblemática para el narcotráfico por cultivar desde hace décadas amapola y marihuana y ser la cuna de la mayoría de capos históricos. Según informes de la fiscalía general, Guzmán se involucró en el crimen en los 80, cuando fue reclutado por Miguel Ángel Félix Gallardo, el Padrino, quien era entonces el narco más poderoso en México.

Tras la captura de Félix Gallardo en 1989, las pugnas en el interior de su cartel de Guadalajara lo condenaron a desaparecer y Guzmán se trasladó a Sinaloa, donde fundó su propia organización.

Durante su estancia en el penal del Altiplano, firmó junto con otros 140 reos una carta para denunciar las condiciones «inhumanas» de su encarcelamiento, que incluían comida con gusanos o colchones maltrechos para la visita conyugal.

Considerado el narcotraficante más buscado del mundo, su peligrosa astucia lo llevó a colocarse entre los hombres más influyentes y adinerados del planeta. Guzmán, de 58 años fue detenido por primera vez el 9 junio de 1993 en Guatemala.

En esa ocasión, el capo fue trasladado al penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco (oeste), de donde se fugó el 19 de enero de 2001 aparentemente escondido en un carrito de ropa sucia.

Siguió una larga e intensa persecución, que el escurridizo capo logró burlar en varias ocasiones gracias a puertas reforzadas con acero en sus residencias y a un sistema de túneles secretos, así como una estrecha connivencia con autoridades de todos los niveles.

Finalmente, el 22 de febrero del año pasado fue arrestado nuevamente por la Marina Armada en su feudo del estado de Sinaloa (noroeste). La noticia fue anunciada a bombo y platillo por el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, que recibió elogios internacionales por el «histórico» logro. En aquel momento la fiscalía general mexicana ofrecía por Guzmán una recompensa de unos 2,3 millones de dólares, mientras que Estados Unidos le puso un precio de cinco millones.

Además, la ciudad de Chicago lo había declarado su «enemigo público número uno», siendo el primer criminal señalado como tal desde Al Capone. Las autoridades exhibieron ante los medios a un Guzmán cabizbajo y esposado, que lucía un espeso cabello negro y bigote. Estados Unidos expresó su deseo de extraditar al capo, algo a lo que México se negó rotundamente.

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