Cibertensión China-EE.UU.

Pekín considera que no se la puede acusar de ser el origen de los ataques informáticos sin realizar una investigación a fondo


Nueva York / Colpisa

Nadie sabe para qué, pero sofisticados piratas que antes se dedicaban al espionaje de patentes están acumulando una formidable base de datos con información personal de millones de estadounidenses. Según fuentes del FBI y de organizaciones que investigan la última intromisión en los ordenadores de la Oficina de Gestión de Personal, perteneciente al Departamento de Interior, es posible rastrear estos ataques hasta China, aunque eso no significa que su Gobierno esté detrás y ni siquiera que los piratas sean chinos. En el ciberespacio los nudos de carreteras son altamente elusivos.

El que toda la prensa estadounidense apuntase a China en sus titulares ha creado un conflicto internacional. Pekín ha respondido airadamente a las «precipitadas acusaciones» de las que no ve prueba alguna, pero es que oficialmente el Gobierno de EE.UU no le acusa de nada.

«Si bien todavía no sabemos con seguridad quién está detrás de estos ataques, sabemos cuáles son los países que tienen capacidad para conducir ese tipo de ataques, incluyendo Rusia, China e Irán», dijo a Associated Press la senadora Susan Collins, miembro del Comité de Inteligencia del Senado. «Es hora de que tomemos medidas en el Congreso», decidió. Asentía a su lado el senador Angus King, miembro del mismo comité, que ahora se plantea elaborar una poderosa ley contra los ciberataques que dé instrumentos al Gobierno para esta nueva guerra sin declarar. «¿Cuántos estadounidenses más tienen que estar en peligro para que el Congreso tome medidas?», se preguntó King.

De esta última batida han caído 4,2 millones de empleados federales, cuya dirección y números de la seguridad social con los que se podría usurpar su identidad están en manos de alguna oscura y sofisticada organización internacional. Entre ellos hay un buen número de individuos que han recibido vía libre del Gobierno para acceder a información clasificada, pero todos los que investigan el ataque aseguran que los criminales no iban a por estos en particular. «Están interesados en acumular una tremenda base de datos a la que poder acceder después para algo que desconocemos», explicó a The New York Times John Hulquits, alto directivo de ciberespionaje y amenazas de inteligencia de la empresa de seguridad iSight.

Se trata del tercer ataque en un año de estas características. El anterior sirvió para hacerse con los datos de 80 millones de clientes de la aseguradora médica Anthem, a menudo ligados a sus tarjetas de crédito o cuentas bancarias, sin que al parecer hayan sido usadas aún. Y antes, Premera, donde once millones de clientes recibieron la alarmante noticia de que los datos de su identidad han pasado a manos de algún criminal.

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