Hollande se gana a los franceses y remonta en las encuestas

Su gestión de los atentados le permite rehabilitar en parte su imagen dañada

Hollande estrecha la mano de una vendedora en la visita a un mercado ayer en Tulle.
Hollande estrecha la mano de una vendedora en la visita a un mercado ayer en Tulle.

parís / colpisa

No hay mal que por bien no venga. La popularidad de François Hollande crece en los sondeos de opinión realizados tras los atentados yihadistas de la semana pasada en Francia. El presidente más impopular en los 56 años de Quinta República ha ganado cinco puntos de confianza hasta totalizar un 20%, un nivel que no había conocido desde abril de 2014. Su gestión irreprochable de la crisis, unánimemente saludada por propios y extraños, le ha ungido como la perfecta encarnación institucional de la unión nacional ante la barbarie. Por primera vez desde el inicio de su mandato en mayo de 2012 no le queda grande el traje de jefe del Estado. Es «el hombre de la nación», como postulaba el general De Gaulle; el padre simbólico que ha servido de paraguas protector a una sociedad bañada en el dolor y la angustia.

Francia ha descubierto que en el palacio del Elíseo tenía un presidente de verdad. Ocho de cada diez ciudadanos juzgan que Hollande se ha mostrado a la altura de los trágicos acontecimientos que han sacudido el país. Casi todos los simpatizantes de izquierdas (94%), pero también tres cuartas partes de los derechas (77%), creen que el mandatario les ha representado dignamente en la crisis. Hasta el conservador Nicolas Sarkozy, su predecesor y líder de la oposición, ha concedido con reconocimiento lapidario que «ha hecho lo que había que hacer».

Lastrado por una imagen de indecisión y falta de autoridad, Hollande ha demostrado que sabía ordenar, mandar y decidir al centralizar bajo su dirección todas las reuniones estratégicas en el Elíseo, tanto las políticas como las operativas. También se ha erigido en vector de unión de la ciudadanía, a la que se ha dirigido en varias ocasiones con las palabras justas, el tono adecuado y sin ninguna falsa nota. Unos 21 millones de espectadores, cerca de un tercio de los franceses, siguieron su alocución televisiva tras el sangriento desenlace de la ofensiva terrorista. Es decir, tuvo más audiencia que la conquista del Mundial de fútbol en 1998.

Por si fuera poco, logró juntar a 44 jefes de Estado o de Gobierno en la histórica manifestación del domingo en París con una formidable exhibición de capacidad de convocatoria. En los escenarios de los hechos desde los primeros minutos del ataque a Charlie Hebdo, se ha caracterizado por su destreza para empatizar con las víctimas, sublimar el despertar ciudadano y homenajear a los caídos por la democracia.

«Ha sabido mostrar a la vez compasión y autoridad. Va a acallar las críticas a su falta de autoridad, su tendencia a andarse con rodeos y mostrarse demasiado optimista», analiza Frédéric Dabi, director general de la empresa de sondeos Ifop, quien advierte sobre un nivel de confianza estructuralmente bajo. «Está once puntos por debajo del peor resultado de Sarkozy cuando era presidente», recuerda. Como la impopularidad de Hollande obedece a los fracasos económicos y sociales, avisa que «la secuencia que vivimos podría no ser más que un paréntesis si los resultados económicos no mejoran».

«Hollande, tan torpe en sus palabras e inaudible en sus discursos, ha sabido encontrar los gestos que hacían falta», valora Philippe Moreau, asesor en comunicación de dirigentes. «Son gestos que le han permitido llegar al corazón de los franceses y por fin crear un vínculo con ellos», añade.

Menos entusiasta se muestra el politólogo Pascal Perrineau para quien el repunte de popularidad era «inevitable». «En una situación tan dramática, todo el mundo va en busca de la unidad. Y en Francia su garante es el jefe del Estado», observa. Además recuerda que el rival está en casa. «El aumento de gracia de Manuel Valls es más visible. Su tono está completamente en sintonía con los franceses. Y él no tiene que esforzarse. El riesgo de Hollande es verse desbordado por Valls», subraya Perrineau. La cota de popularidad de Valls ha subido ocho puntos, hasta el 45%. La de confianza ha ganado siete puntos con lo que recupera su nivel de junio de 2014 (42%).

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