Francisco recupera el prestigio diplomático del Vaticano

El papa se rodeó de los exnuncios en Venezuela y Cuba para dirigir la mediación entre Obama y Castro


Roma / Colpisa

Francisco ha cerrado con éxito más de medio siglo de desvelos de los papas con Cuba, una atención muy especial que arranca con la decisiva intervención de Juan XXIII para frenar la crisis de los misiles de 1962, pasa por la histórica visita a la isla de Juan Pablo II en 1998 y concluye ahora con el espaldarazo al fin del aislamiento de La Habana. Bergoglio, latinoamericano y acusado de marxista por los conservadores estadounidenses, era sin duda el pontífice más adecuado para culminar esta tarea. Si bien la visita de Benedicto XVI a Cuba en el 2012 apuntaló el papel de la Iglesia como mediadora fiable. Los frutos se recogen ahora.

El papa habló ayer por primera vez. «Hoy estamos todos muy contentos porque hemos visto cómo dos pueblos, que se habían alejado durante años, han dado un paso para acercarse», dijo Francisco en presencia de trece nuevos embajadores ante la Santa Sede.

La ocasión era perfecta para abordar la cuestión y Bergoglio señaló que el acuerdo ha sido posible gracias a la diplomacia, «un trabajo noble» que explicó así: «Es una labor de pequeños gestos, de pequeñas cosas, pero que terminan por lograr la paz, acercar los corazones de los pueblos, sembrar fraternidad». Desde luego a él le ha funcionado. Se ha anotado un gran éxito que es fruto de su impronta personal y de su idealismo contagioso.

Ya le llevó en mayo a arrojarse sin miedo en el avispero de Oriente Medio o a impulsar en el 2013, con el método de coger papel y pluma y escribir al presidente de China, un acercamiento histórico.

«Ciertamente el papel del papa ha sido determinante, porque tomó la iniciativa de escribir a los dos presidentes para invitarles a encontrar un punto de encuentro. También se debe, claro está, a que viene de esa región, conoce sus problemas y ha encontrado la manera justa para favorecer la superación de la distancia y el acercamiento de las partes», explicó ayer el secretario de Estado vaticano, Pietro Parolin.

Cultura del diálogo

El número dos de la Santa Sede ha sido el cerebro de las negociaciones. Ha recuperado el prestigio diplomático del Vaticano, tras los años de horas bajas de Benedicto XVI, imputables sobre todo a las torpezas de su secretario de Estado, Tarcisio Bertone, el primero que llegó a ese puesto sin una formación diplomática. Parolin, en cambio, creció en la prestigiosa escuela diplomática vaticana de Piazza della Minerva. Su carrera ha sido aún más decisiva porque hasta el 2013, antes de ocupar el cargo, Parolin fue nuncio en Venezuela durante cuatro años. Es decir, conoce muy bien la situación de la zona y el dosier cubano. También su mano derecha, Angelo Becciu, fue nuncio en Cuba del 2009 al 2011. Por otro lado, ayer se destacaba un matiz más que puede haber contribuido al entendimiento con la Administración estadounidense: el secretario de Estado, John Kerry, es católico, el primero de esta confesión en tres décadas. Y hay quien no dejaba de señalar que Fidel Castro estudió en los jesuitas.

Parolin condensó ayer la esencia del estilo diplomático de Francisco, basada en «los pequeños pasos». «Cuando hay problemas, se debe aplicar el método del diálogo y cuantos más problemas hay, más diálogo tiene que haber», dijo el prelado.

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