«Llegó El Huasaco con diésel y bañó los cuerpos»

La Voz

INTERNACIONAL

09 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Desde el fatal 26 de septiembre hasta ayer solo se sabía que una orden del exalcalde de Iguala a su Policía Local llevó la muerte a seis personas, y que desaparecieron 43 estudiantes. A los agentes solo les indicó que les impidieran llegar a la ciudad, para que no reventaran un acto que presidía su mujer, pero algo se les fue de las manos y lo ocurrido a partir de ahí se convirtió en un rompecabezas. Algunas piezas que se iban colocando gracias a más de medio centenar de detenciones de policías, sicarios y políticos empezaban a encajar, esbozando un relato que anunciaba un final macabro.

Lo que les ocurrió a los estudiantes desde que los policías los entregaron a los Guerreros Unidos en la Loma del Coyote era muy confuso, hasta que los últimos tres detenidos confesaron cómo los ejecutaron. Apilados en dos camiones, los llevaron al vertedero de Cocula. Al basurero conocido como Hoyo del Papayo algunos de los chicos llegaron muertos por asfixia. Al resto los remataron allí mismo. Luego arrastraron los cuerpos a la parte baja del montón de basura y los incineraron.

Antes de rematarlos, quisieron saber quiénes eran y qué hacían allí. Pensaban que podrían ser miembros de alguna banda rival. Pero no les sonsacaron más que la simple verdad, que eran estudiantes.

Los verdugos no saben cuántos eran. Para hacer más creíble la reconstrucción de los hechos que ofreció en la medianoche del viernes, el fiscal general, Jesús Murillo Karam, se apoyó en un vídeo que recoge el interrogatorio a uno de los tres últimos detenidos. «¿Cuántos estudiantes traían?», le preguntan. «Dicen que eran 44», responde Agustín García Reyes, El Chereje. Y cuando le preguntan quién dio la cifra contesta: «El Pato y El Guerreque decían son 44 o 43. Yo no los conté, no, pero sí eran hartos». El Pato es Patricio Reyes, que con Reyes y Jonathan Osorio, El Jona, forman el trío de detenidos del cartel de los Guerreros Unidos que contaron al fiscal las últimas horas de los estudiantes.

Neumáticos, leña y gasolina

Comenzaron por formar un círculo de piedras y encima de ellas apilaron neumáticos y les prendieron fuego. Sobre los neumáticos añadieron leña y otros desechos que encontraron en el vertedero. Y «los cuerpos al principio los iban acomodando así, una plancha y ya después así...», explicaba otro de los detenidos.

Ya en la pira, empaparon sus cuerpos con gasolina. Es otra de las confesiones de los detenidos durante el interrogatorio: «Sí, llegó El Huasaco con diésel y gasolina y bañó los cuerpos».

El fuego duró 14 horas, desde poco antes de la medianoche hasta las 15.00 del día siguiente, durante las cuales se turnaban para evitar que las llamas se extinguieran. Al cabo de las cuales, El Terco dio instrucciones para que acabaran de triturar los huesos y los metieran con los restos calcinados en bolsas de basura. Ocho bolsas cuyo contenido debían verter al río San Juan. Pero dos las lanzaron sin vaciarlas y una de ellas fue hallada por los investigadores, según Murillo.

Algunos llegaron al vertedero muertos por asfixia en los camiones