Las niñas olvidadas de Boko Haram

Medio año después, su rastro ha desaparecido y la campaña en Internet es apenas audible


Nairobi / EFE

Hizo ayer medio año, una decena de camionetas con 50 terroristas armados irrumpió en un pueblo del noreste de Nigeria para secuestrar a 219 niñas. El tiempo, su ínfima relevancia y la ineficacia del Ejército nigeriano han hecho caer su rastro en olvido.

Fue en Chibok, una aldea del estado de Borno, el más castigado por la violencia de Boko Haram, la versión africana del Estado Islámico. Ocurrió durante la noche, como todos sus ataques contra colegios-residencia. Pero esta vez, en lugar de asesinar salvajemente a profesores y alumnos -como sucedió en otras ocasiones apenas contadas-, decidieron capturar a las niñas.

La primera reacción del Gobierno y Ejército nigerianos fue la habitual: lamentar lo sucedido, encogerse de hombros y mirar hacia otro lado. El valor de la vida en muchas partes de África es escaso, en las zonas remotas que no aportan votos es inexistente. Pasado el primer estupor de la noticia y en un intento de contener su alcance ante la alarma de algunos Gobiernos extranjeros, comenzaron los comunicados de un Ejército caracterizado por una histórica falta de credibilidad.

Desinformación

En los cinco días posteriores al secuestro, los militares aseguraron haber liberado a 165 niñas. La directora del colegio, el gobernador de Borno y los propios familiares de la menores lo desmintieron. La desinformación y el silencio perduraron hasta el 5 de mayo, día en el que Boko Haram reivindicó la autoría del secuestro en un vídeo, lo que convenció a Estados Unidos y al Reino Unido a ofrecer ayuda especializada en búsqueda y rescate.

No obstante, la difusión global del secuestro no llegó hasta días después, y fue gracias a las cuentas de Twitter de algunos famosos bajo la etiqueta BringBackOurGirls (Traed de vuelta a nuestras niñas). La primera dama Michelle Obama, el cantante Justin Timberlake y los actores Sean Penn, Ashton Kutcher o Jessica Biel se fotografiaron con este y otros carteles, y la red social respondió masivamente a su propuesta. La campaña alcanzó un éxito superlativo, pero pronto se diluyó hasta convertirse en un leve eco digital apenas audible hoy en día. Según los datos de Google, el lema registró millones de búsquedas durante todo el mes de mayo para bajar hasta un porcentaje imperceptible en junio y caer a cero en septiembre.

La intensidad de la ayuda militar internacional, liderada por EE.UU., y su firme convencimiento de resultados también naufragó. El Gobierno de Barack Obama envió sus famosos drones, desplazó a decenas de expertos, cedió cámaras capaces de captar movimiento en la selva y enfocó sus radares de rastreo a Nigeria, el Chad y Camerún. El resultado de este efectista despliegue se desconoce o ha sido nulo, como la mayoría teme. La última noticia que se tiene de ellas es otro error: un portavoz anunció en septiembre la liberación de un grupo. Una hora después se retractó. Ineficacia, desconcierto y vuelta al olvido.

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