Tampoco Obama se libra


El hombre que hizo de la retirada de Irak su bandera cuando aspiraba a sentarse en el despacho oval se ha convertido en el cuarto inquilino de la Casa Blanca ?tras Bush padre e hijo y Bill Clinton? en dar la orden de atacar el país árabe. El avance yihadista, en medio del desgobierno en Bagdad, ha puesto fin a su ilusión de olvidarse de Irak.

Ante la audiencia de su país insistió en que, como comandante en jefe, no permitirá que EE.UU. «se vea envuelto en otra guerra en Irak». Busca calmar a un público harto del trasiego de ataúdes de soldados, pero también cumplir su promesa de acabar con la guerras de Afganistán e Irak y acallar a los críticos que consideran que su política de medias tintas en Oriente Medio ha llevado al desastre actual.

Obama se ha resistido a involucrarse de nuevo en Irak, en medio de los preparativos para abandonar Afganistán. En junio, cuando los yihadistas iniciaron su ofensiva, Nuri al Maliki le pidió que lanzara la aviación contra los radicales, pero él se negó. Esta semana, todo cambió cuando los yihadistas pusieron los pies en el Kurdistán, un territorio autónomo próspero y a salvo del caos de Bagdad. Los peshmergas kurdos, aliados fieles desde la campaña contra Sadam Huseín, le pidieron ayuda y esta vez Obama dijo sí. El giro de su decisión está por ver.

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