Un alcalde de México: «Sí robé, pero robé poquito»

La Voz

INTERNACIONAL

Un mitin de Hilario Ramírez ha dado la vuelta al mundo al reconocer que había estado sacando dinero del erario público

21 jul 2014 . Actualizado a las 21:43 h.

Si algo caracteriza a Hilario Ramírez Villanueva es la sinceridad. Eso y la facilidad para desvalijar el bolsillo de sus ciudadanos, y reconocerlo. El alcalde de San Blas, una pequeña localidad mexicana en la costa del Pacífico, se ha hecho famoso en medio mundo después de unas polémicas declaraciones que a tantos han dejado patidifusos. «Me han criticado mucho porque a mi me gusta el dinero ¿A quién no le gusta? Pero también me gusta mucho trabajar. Dicen que le robé a la presidencia, sí, le robé, pero le robé poquito. Porque la presidencia está bien pobre. Le di una rasuradita no más», presumía micrófono en mano Hilario Ramírez ante unos cincuenta vecinos de la localidad que estupefactos observaban unas declaraciones que poco después darían la vuelta al mundo.

«Robé, sí, pero poquito». Una frase que en sí misma resulta una primicia -al ser la primera vez que un político reconoce el hecho- pero que viene a resumir una realidad cada día más extendida en este país sudamericano, y porque no decirlo en otros bastante más cercanos.

El alcalde Hilario Ramírez, que ha sido reelegido con el 40 % de los votos, quiso justificar sus acciones y en un vídeo que rápidamente se ha convertido en viral en Youtube justificaba su profanación a la caja pública: «Lo que con esta mano robaba, con esta otra se lo daba a los pobres».

A virtudes no le gana nadie, porque Hilario Ramírez no solo puede presumir de ser sincero, si no también de ser generoso. Muy generoso. Este dueño de una empaquetadora de mangos, celebraba su última victoria electoral repartiendo a diestro y siniestro entre sus convecinos billetes de 20, 50 y 100 pesos (uno, 2,5 y cinco euros respectivamente). Según recogía el diario digital Sipse, él mismo aseguraba haberse gastado cinco mil pesos en un «ratito». «Pero lo hago con gusto», remataba.

Esta peculiar estampa, para muchos muestra la fiel imagen del mal endémico que asola a la población mexicana: la corrupción. Una lacra contra la que llevan años luchando y que parece estar tan asentada entre los órganos de gobierno que frases como esta a duras penas parecen perturbar el día a día de los ciudadanos.