Las tropas rusas tienen prácticamente culminada la ocupación militar de Crimea, pero existen todavía algunos reductos del Ejército ucraniano que se niegan a entregarse. Contra ellos ha sido lanzado un ultimátum que expiró la pasada madrugada. El domingo se difundieron noticias contradictorias sobre lo que estaba pasando en la unidad de guardafronteras ucranianos en el puerto de Balaklava, al sur de Sebastopol. Se dijo primero que el cuartel de los militares ucranianos había sido rodeado por tropas rusas en uniforme de camuflaje sin distintivos, pero sin llegar a pasar a la acción. Más tarde se informó que el puesto había pasado a manos rusas.
Por la mañana, la puerta del destacamento guardafronteras de Balaklava apareció custodiada por dos enmascarados protegidos por escudos como los que utiliza la Policía antidisturbios. Un hombre corpulento, vestido con una cazadora de cuero negro, esperaba junto a ellos. Después, salió del cuartel un soldado y le entregó al de la cazadora dos bolsas de plástico. Éste las abrió, comprobó lo que había dentro y se dirigió hacia su vehículo. Acababa de recibir sus efectos personales. Este corresponsal se acercó para averiguar qué estaba pasando y el hombre se presentó como el ya excomandante en jefe de esa unidad. Al principio no quiso desvelar su identidad, pero luego afirmó ser capitán y llamarse Alexánder, aunque no quiso facilitar el apellido. «¿Qué ha pasado? Pues que nos han echado de aquí. Entraron a través de ese vallado, tomaron el cuartel y nos obligaron a tumbarnos contra el suelo con las manos en la espalda».
Eso sucedió el domingo pasadas las dos de la tarde. «Llegaron hacia la una en tres camiones Kamaz y dos todoterrenos. Serían unos cien hombres bien armados, unos 30 en cada camión. No son de la Flota del Mar Negro, son paracaidistas recién llegados de Rusia». Alexánder cuenta que «el domingo estábamos aquí 120 efectivos, pero desarmados porque se nos dio la orden desde Kiev de no emplear las armas de fuego». El capitán fue obligado a firmar un papel renunciando a seguir sirviendo en las tropas guardafronteras, de lo contrario, no le habrían puesto en libertad. Otros 59 compañeros hicieron lo mismo y mantendrán el miércoles en Balaklava una reunión con militares en la misma situación para decidir qué pasos dar en adelante. «Los 60 restantes, entre los que están los infantes de marina, han jurado ponerse a las órdenes del nuevo jefe del Gobierno de Crimea».
«En otra unidad guardafrontera en Kerch ha sucedido lo mismo. Requisan todas las armas del arsenal para, según lo que nos cuentan, evitar que caigan en manos de extremistas», señala Alexánder. Dice confiar en que la presión internacional «haga recapacitar a Putin y podamos volver otra vez a nuestros destinos».