Faluya se encuentra en el lugar exacto en el que la Biblia, aparentemente, sitúa el paraíso, entre el Tigris y el Éufrates. Sin embargo, durante los ocho años de presencia militar norteamericana en Irak este fue su pequeño infierno. Solo en esta ciudad y la provincia circundante de Al Anbar los ocupantes sufrieron hasta un tercio de todas sus bajas, sobre todo en las dos grandes batallas que arrasaron la ciudad. La resistencia era al principio pro-Sadam. A medida que se fue consolidando el control de los chiíes en el Gobierno, sin embargo, los suníes de Faluya fueron decantándose por el yihadismo, una ideología más nueva y para la que resultaba más fácil encontrar armas y dinero a través de los oscuros canales saudíes.
Los norteamericanos lograron finalmente pacificar Faluya por medio de lo que se conoció como «la estrategia del despertar». Consistía simplemente en crear contraguerrillas formadas también por suníes y bien provistas de armas y dinero. Organizadas a través de los líderes tribales, estas fuerzas, irónicamente, estaban integradas por los antiguos baazistas, hombres de Sadam Huseín, sus antiguos militares y policías en paro forzoso. La táctica funcionó, aunque con los inevitables efectos secundarios, como la feroz guerra sectaria que alimentó en 2006-2008 entre los chiíes en el Gobierno y los suníes ahora bien armados. El yihadismo, en efecto, perdió terreno y los voluntarios extranjeros empezaron a marcharse después del 2008, pero miles de ellos eran sirios, yemeníes y libios, y a su regreso a casa iniciaron revueltas armadas contra las dictaduras laicas de sus países que la coincidencia y la simplificación hizo que se confundieran con primaveras árabes.
También sería una simplificación decir que todo empezó en Faluya, pero sirve como ejemplo ilustrativo de las dinámicas que afectan a toda la región, de lo interrelacionadas que están y lo difíciles que son de prever. La actual batalla de Faluya ha de contemplarse en ese contexto de un escenario cambiante y complejo. Tiene que ver, sin duda, con el contagio sirio, pero también con la creciente marginación de los suníes en Irak, sobre todo desde las escandalosas elecciones del 2010. Y también con el fin de la ocupación norteamericana, que para los jóvenes suníes en paro ha vuelto a hacer más atractivo el yihadismo que las ahora disueltas contraguerrillas del «despertar».
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