Busca en Mineápolis apoyo popular para presionar al Congreso de EE.UU.
05 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«No hemos hecho nada. Si algo se aprende en Washington es que hasta que no se aprueba la ley no se ha hecho nada», afirmó ayer Barack Obama en Mineápolis (Minnesota), en su ofensiva para impulsar la aprobación por el Congreso de su propuesta sobre el control de las armas y conseguir, dijo, que las «armas de guerra no tengan cabida en nuestras calles».
El Congreso está discutiendo una ley para extender la revisión de antecedentes criminales en las ventas de armas, pero no se pone de acuerdo sobre la prohibición de lo fusiles de asalto ni la limitación de cargadores múltiples, otras de las propuestas de Obama. La elección de Mineápolis en esa ofensiva no fue una elección al azar. Es una ciudad que ha logrado reducir en un 40 % la violencia armada entre sus jóvenes.
El presidente recordó el testimonio de la excongresista Gabrielle Giffords herida en la cabeza con un fusil de asalto hace dos años. «Si esas armas hubieran estado prohibidas quizá alguna de las personas que murieron estaría hoy viva», dijo.
Su intención es presionar al Congreso antes de que se borre el recuerdo de la masacre de la escuela de Newtown, el detonante para que muchos estadounidenses apoyen ese control. Pero persiste la división en el país y la mayoría de los legisladores republicanos -y algunos demócratas- ven las medidas del presidente como una limitación de sus libertades y una injerencia del Gobierno en la vida privada de los ciudadanos.
Reforma migratoria
Se espera que el control de armas sea uno de los temas centrales del discurso del estado de la Unión que Obama pronunciará el 12 de febrero. El otro gran tema será la reforma migratoria. Hoy se reúne en la Casa Blanca con líderes sindicales y empresariales para explicarles su proyecto y ofrecerles los datos sobre cómo se ha reforzado el control fronterizo.
Ese control es la principal diferencia entre la reforma que propone Obama y el proyecto de ocho senadores de los dos partidos. Estos últimos supeditan la legalización de los inmigrantes sin visado a que se refuercen las fronteras, el presidente argumenta, sin embargo, que ya son suficientemente seguras y que el proceso de nacionalización debería comenzar en cuanto se apruebe la ley.