El ataque kurdo al Ejército turco rompe el frágil proceso de paz

B. Akinci, J. Mortimer ANKARA / AFP, DPA

INTERNACIONAL

Turquía bombardea las bases del PKK en Irak tras la muerte de 24 soldados

20 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

La muerte ayer de 24 soldados turcos a manos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) supone un duro revés al proceso de paz con el movimiento insurgente, activo desde hace 27 años. Una hora después de la medianoche, miembros del PKK atacaron ocho objetivos militares y policiales en la provincia de Hakkari, en la frontera con Irak, dejando un saldo de 24 muertos y 18 heridos. El Ejército de Ankara lanzó pocas horas después una operación por tierra y aire para perseguir a los atacantes hasta sus bases en Irak

El peor ataque del PKK en dos decenios llega en medio de un contexto político que había hecho surgir esperanzas, sobre todo después de que los diputados nacionalistas kurdos pusieran fin a un boicot y retomaran su actividad en el Parlamento. El presidente del legislativo, Cemil Cicek, apuntó entonces que ese gesto abría el camino a conversaciones informales entre el moderado Partido Kurdo de la Paz y la Democracia (BDP) y el gubernamental AKP, del primer ministro, Recep Tayip Erdogan.

Los combates se prolongaron durante varias horas después de los ataques simultáneos por parte de unos cien guerrilleros en ocho puestos fronterizos situados entre las localidades de Cukurca y Yüksekova.

Entre 20 y 23 milicianos kurdos fueron abatidos en la operación de castigo lanzada en Irak por el Ejército turco, sobre todo en la región de Qandil, principal base de retaguardia del PKK en el Kurdistán iraquí.

El PKK, que reconoció la muerte de cinco de sus combatientes, reivindicó los ataques. Según la agencia pro kurda Firat, son en respuesta a la represión del movimiento kurdo en Turquía, en particular a la ola de detenciones de miembros del KCK, la rama urbana del PKK, y a los bombardeos turcos. Erdogan aseguró que su país no cederá ante lo que calificó de ataques terroristas, y el presidente Abdulá Gül afirmó que Ankara está decidida a acabar con el PKK, que tomó las armas en 1984 para reivindicar los derechos de los 15 millones de kurdos que viven en Turquía.

Quizá el único resquicio de esperanza sea la respuesta del BDP. En una inusual y rápida declaración, los líderes de los kurdos no violentos aseguraron: «Este ataque golpea nuestros corazones. Decimos: ¡Basta! Ya hubo suficiente muerte».