El león del desierto que nunca fue

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

28 ago 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Esté dónde esté Muamar el Gadafi es posible que últimamente se le haya venido a la cabeza una vieja película: El león del desierto (1981). El propio Gadafi la produjo con su dinero -o más bien con el dinero del pueblo libio-. Quería contar en ella la historia de Omar el Mojtar, el héroe nacional que luchó contra las tropas de ocupación de Benito Mussolini en la década de los años 30. En realidad, el mitómano Gadafi quería ser él mismo Mojtar, aunque al final le cedió el papel al actor Anthony Quinn en un arrebato de sensatez. El antagonista, el malvado italiano, lo interpretó sir John Gielgud -la gente le escupía cuando llegó al aeropuerto-. Y el director elegido fue Mustafá Akkad, que se pasaría luego la vida haciendo películas de terror en Hollywood -la serie Halloween es suya-, y que parecían insinuaciones sobre la vida bajo Gadafi. Hasta que el terror lo alcanzó a él mismo: murió en un atentado cometido por Al Qaida contra un hotel en Jordania en el 2005.

El perfeccionismo obsesivo de Gadafi y su peculiar sentido del espectáculo lo llevaron incluso a contratar al auténtico barbero de Mussolini para que afeitase al actor que lo interpretaba. Circula incluso la historia de que Gadafi también hizo que lo afeitase a él.

El león del desierto ha quedado como uno de los mayores fracasos en taquilla de la historia (de los 35 millones de dólares que costó rodarla no logró recuperar más de un millón). Hoy es carne de videoclub, pero, como el guion que Franco escribió para Raza, sirve de «acto fallido», de testimonio de lo que el dictador hubiese querido ser. En El león del desierto, Anthony Quinn une a todos los libios en su combate contra Occidente y se sacrifica por ellos, porque, al final de la película, es ejecutado. En un plano, un niño lo observa serio: pretende ser el pequeño Muamar el Gadafi, que en realidad entonces no había nacido todavía.

El mito de Omar el Mojtar

Fuese cual fuese la verdad del mito de Omar el Mojtar, Gadafi nunca estuvo a su altura. Los libios, que se saben la película de memoria, habrán recordado estos días su escena más famosa, una en la que Mojtar perdona la vida a un soldado italiano y le explica que no es honorable matar a los cautivos. Los macabros descubrimientos de prisioneros ejecutados que va haciendo la prensa estos días en Trípoli demuestran que a veces la realidad supera la ficción, pero muchas otras simplemente la contradice.

No en todo. El dictador todavía podría encarnar fielmente una parte de la historia de Omar el Mojtar, si bien no la que él hubiese querido. Aunque en la película el guerrillero cae preso de los italianos, en la realidad histórica Mojtar fue capturado por otros libios de la región de Bengasi que lo entregaron para ser juzgado.