A Cristina le sienta bien el luto


Es una de las paradojas de la política argentina. Mauricio Macri ha vapuleado al candidato del peronismo en Buenos Aires pero, curiosamente, quien más tendría que acusar el golpe, su gran adversaria Cristina Fernández, podrá dormir tranquila esta noche. La derrota de su partido en la capital es sonrojante, pero hay dos circunstancias que impiden extrapolarla de forma mecánica a la contienda que se librará en octubre por la Casa Rosada.

La primera es que la formación que lidera Macri carece de figuras de relieve que puedan reeditar a nivel nacional el éxito que tuvo su jefe en la capital. El PRO es una fuerza de un acusado personalismo que prácticamente empieza y acaba en la figura del intendente y, hasta el momento, este no ha sido capaz o no ha querido dimensionarlo para que vaya más allá de él. En este sentido, su victoria tiene mucho de premio de consolación: lo convierte en referencia de la oposición al mismo tiempo que lo deja fuera de la batalla por la presidencia.

La segunda circunstancia que no conviene olvidar es que el aspirante kirchnerista que competía con Macri no es un hombre por el que sienta devoción Cristina. Al contrario, la presidenta tuvo bastante cuidado en ponerse de perfil y no involucrarse en la contienda para evitar que la salpicara la más que anunciada derrota de su subalterno. El absentismo de que hizo gala durante la campaña le permitirá, con seguridad, recuperar en octubre una parte de las papeletas que ahora no han querido venir a su grupo.

Es inevitable pensar que los hechos dan la razón a quienes sostienen que el luto le sienta bien. Si sus mayores oponentes dentro y fuera del peronismo no fueron capaces de evitar que duplicara su popularidad, situada en el 20 % cuando vivía su marido y ligeramente por encima del 40 % desde que murió, con mayor dificultad podrán hacer que retroceda ahora. La remontada no es una misión imposible, pero cada vez se les hará más difícil.

La cita electoral de Buenos Aires era uno de los últimos grandes escollos que debía sortear antes de que se diriman las primarias de agosto y, fuera del golpe moral que tiene que haberle causado el paseo militar de su mayor enemigo, sale de ella con las expectativas que tenía antes prácticamente intactas. Los que hace unos meses pensaron que, sin Néstor, la viuda no llegaría tan lejos quizá se estén equivocando.

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