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urante años, el dominical News of the World ha sido sinónimo de periodismo de investigación, que sin reparar en colores, por amarillo o gris, logró convertirse en uno de los referentes informativos de lectores, políticos y famosos. No había domingo que no publicara un escándalo, siempre por delante del resto de la prensa, incluso por delante de la policía. Las tretas utilizadas para obtener información rozaban siempre el límite de la ética periodística, en una doctrina en la que prevalecía la exclusiva por encima de la veracidad o la manera de lograrla. Lo peligroso es cuando parece correcto que un periodista se haga pasar por un árabe rico para engañar a una sobornable Sarah Ferguson o un periódico pague enormes sumas de dinero a una mujer para que cuente sus aventuras sexuales con un determinado jugador padre de familia. Entre esto y violar la privacidad de las familias de las víctimas de un atentado terrorista o de un asesino de niñas, apenas hay una fina línea.