No, EE. UU. no va a retirarse de Afganistán ni menos aún ha acelerado esa retirada. El discurso del jueves de Barack Obama era tan calculadamente engañoso, y el asunto se coreografió con tanto cuidado que se ha logrado dar esa impresión, cuando la realidad es la contraria. Incluso se envió al almirante Mullen al Congreso a decir que está asustado ante la escala de la retirada de tropas anunciada.
En absoluto. Cuando uno desbroza toda la propaganda y las ambigüedades, los números cantan. EE.UU. tiene ahora mismo unos 70.000 soldados en Afganistán, de los que va a retirar 5.000 este verano y otros tantos a finales de año; es decir, menos del 10 %. La cifra de 33.000, con la que se bombardea a los medios, es en realidad la que se alcanzará en el 2012, y aún así para entonces se habrán retirado simplemente los refuerzos que Obama envió en el 2009. Por cierto, que ya entonces el presidente incumplió su promesa de comenzar el repliegue, igual que ahora incumple la siguiente promesa que hizo de comenzar la retirada en serio en el 2011.
Comenzar comienza, pero no en serio. Leyendo entre líneas es fácil ver que ni siquiera está claro el compromiso de completar ese repliegue en el 2013, ni en el 2014. En realidad, y esto es algo que ha pasado inteligentemente desapercibido en el discurso presidencial, Obama insinuó que los norteamericanos dejarán un contingente de apoyo de manera indefinida. ¿Qué quiere decir contingente de apoyo? Basta mirar a Irak para comprenderlo. Allí se consideran tropas no combatientes a brigadas enteras que permanecen patrullando las carreteras del país, a pesar de los acuerdos firmados con el Gobierno iraquí y de sus protestas.
No es difícil entender por qué la primera superpotencia del planeta tiene interés en dejar tropas estacionadas en dos países que considera estratégicamente prioritarios. Pero Obama se ve obligado a jugar al despiste con el pueblo americano, al que él mismo había convencido previamente (cuando era candidato) de que la guerra de Afganistán es ruinosa para EE. UU.
En este contexto de crisis económica tenía que hacer un gesto y el gesto ha sido decir que se retirará, aunque no lo haga. De paso, ha fijado el grueso del repliegue para el verano próximo, en lo más alto de la campaña. También Sarkozy, que se enfrentará a las urnas en abril, ha hechos cálculos parecidos, y lo mismo el británico Cameron, que anunció la retirada de sus tropas para el final del 2014 (las elecciones son allí a principios del 2015). Por lo que se ve, la última batalla de Afganistán será una batalla electoral.