Alemania paga al fin la deuda de la Primera Guerra Mundial

El Tratado de Versalles estipulaba el abono de 140.000 millones de marcos


redacción/la voz.

El durísimo articulado del Tratado de Versalles de 1919 incluía unas exigencias económicas a la principal perdedora, Alemania, nunca vistas. La cifra ascendía a 140.000 millones de marcos de oro, una barbaridad que ya denunció en su día el economista británico John Maynard Keynes. Pero el maestro de las finanzas, aunque acertó a la hora de adjetivar dicho montante, se equivocó con respecto a los alemanes. Han pagado.

Esta semana, precisamente cuando se cumple el 92.º aniversario del fin de la Primera Guerra Mundial, coincidiendo con el 20.º aniversario de la reunificación germana, Berlín cumple con una deuda histórica siempre criticada por excesiva. El primer domingo de octubre pasará a la historia como el finiquito de la deuda contraída con el mundo. La locomotora ha funcionado una vez más.

La derrota en la gran guerra y las condiciones de reparaciones impuestas por Versalles a los países damnificados, especialmente a Francia, plantaron la semilla del revanchismo. Los abanderados del no pago y la no culpabilidad auparon al todavía desconocido Adolf Hitler a la primera línea de la política del Reichstag. La ocupación de la cuenca minera del Sarre y del valle industrial del Rhin por París ahogó todavía más la maltrecha economía de posguerra alemana.

Hitler aprovechó la crisis social y económica para rechazar de plano el pago de las reparaciones a Francia, Gran Bretaña, Italia y Bélgica. El cataclismo financiero de 1929 contrajo la economía mundial y Alemania fue quizá, junto a EE.?UU., la nación más perjudicada. Quedó alejada de los circuitos del préstamo internacional. Sin ese dinero no podía hacer frente a las sanciones ratificadas en Versalles.

Las conferencias políticas sobre la indemnización se sucedieron. El plan Dawes de 1924 dio paso el Plan Young para ajustar el abono de la deuda con cuotas anuales. En 1933, Hitler se hace con las riendas de Alemania. Ruptura en el pago, revanchismo exaltado y conflicto bélico. La Segunda Guerra Mundial confirmó que la política de Versalles había sido un auténtico desastre. Pero la derrota de Hitler no supuso la condonación de las reparaciones; más bien se incrementó la presión sobre su cumplimiento.

París se mostró intratable. El miedo se instaló en el Elíseo; pero también la codicia al exigir el control de los principales polos industriales germanos durante quince años. Hasta que, en 1953, los Estados convocados al Tratado de Londres revisaron a la baja la cuantía que debía satisfacer Alemania. Asimismo, se determinó que la deuda pendiente, es decir los más de 250 millones de marcos de intereses, debería ser integrada cuando la Alemania Federal y la República Popular alemana procedieran a su reunificación.

En octubre de 1990 los dos Estados, separados por el telón de acero, vuelven a ser un único país. Alemania, a día de hoy, ha cumplido la letra pequeña de un Tratado de Versalles escrito con caracteres de revancha. El 3 de octubre zanjará definitivamente, tras 92 años, una deuda que ha dejado en su camino un reguero de sangre y odio, germen del ascenso del nazismo y de la guerra más terrible que ha soportado la humanidad. El cumplimiento de esta condena, sin embargo, ha demostrado de nuevo la capacidad de recuperación de un pueblo que ha sabido levantarse y pedir perdón.

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