Cientos de ambientalistas se reunieron ayer en el puente que une las localidades argentina de Gualeguaychú y la uruguaya de Fray Bentos, paso que los argentinos mantienen cerrado desde hace casi cuatro años en forma permanente como protesta por la instalación de la planta de celulosa en la orilla del compartido río Uruguay.
Los asambleístas, como se autodefinen, instalaron una pantalla gigante para seguir en directo la lectura del fallo desde La Haya.
Apenas conocida la sentencia, un estallido de rabia, llanto y gritos encendió los ánimos y pronto se escucharon las primeras voces.
«La lucha sigue y más que nunca. Estamos muy decepcionados con el fallo. Basta de mansedumbre, se terminó la bondad y la educación», dijo una de las manifestantes, que insistió en que «la lucha recién comienza».
Otro apuntó directamente contra el Tribunal Internacional y lo calificó como «corrupto», al considerar que el fallo fue «una burla». «La Haya representa el dinero, sabíamos que nunca nos iban a dar la razón, tenemos que convivir con una planta contaminante», justificó, para agregar que «vamos a seguir aquí hasta que se caiga el último ladrillo de Botnia, derramando la sangre que haya que derramar».
Los más duros enfatizaron que no liberarán la ruta aunque les «cueste la muerte». Frase que gritaban exaltados ante las cámaras de la televisión.
Consultas
A pesar de que ayer en caliente anunciaron que mantendrán el corte, la definición de cómo seguirá el plan de lucha será tomada en una asamblea después de realizar consultas con especialistas en Derecho Internacional y con la Cancillería argentina.
Por su parte, sentado en la rambla de Fray Bentos sobre el río Uruguay, Leonardo, de 22 años, afirma que esta ciudad uruguaya «murió» con el corte que los argentinos realizan en el puente que une a ambos países.
El único acto que hubo en la zona uruguaya fue organizado por la Asociación de Comercio e Industria de Río Negro (ACIRN), que colocó en su sede una pantalla para seguir las instancias de La Haya, y a la que asistieron una veintena de personas, la mitad de ellas periodistas.