Muchos ciudadanos se oponen a que descansen junto a reyes y héroes nacionales
15 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Los planes para enterrar al presidente polaco Lech Kaczynski y a su mujer, María, en la criptas de la catedral Wawel de Cracovia, donde se encuentran sepultados reyes, generales y héroes nacionales, han generado una agria polémica y amenazan con quebrar la unidad nacional tras su trágica muerte.
«No me lo puedo creer, no puedo entender que la familia haya tomado esta decisión, es un despropósito», afirmaba ayer la profesora universitaria Barbara Brezinska. Mientras, la economista Ewa Golabiewska declaraba: «Ya no estamos en tiempos de los faraones ni de los reyes feudales. Polonia es un país europeo y democrático y tiene que comportarse como tal».
Entre los que se ha pronunciado en contra está el reputado director de cine Andrzej Wajda, autor de la película Katyn -que relata la masacre en esa ciudad rusa de 22.000 polacos por orden de Stalin-. Kaczynski «era un hombre bueno y humilde, y no hay razones para que sus restos descansen en Wawel entre los de los reyes de Polonia», escribe en una carta en el diario liberal Gazeta Wyborcza .
Ese diario apuntaba en su editorial: «El entierro en Wawel debería ser objeto de un debate nacional y consecuencia del consenso nacional». Hasta dentro de la poderosa Iglesia católica polaca se oyen voces, como la del influyente obispo Tadeusz Pieronek, que se oponen a la decisión de la familia.
En Wawel yacen los restos mortales de polacos muy destacados: reyes y nobles como Stefan Batory, el príncipe Jozef Poniatowski y Tadeusz Kosciuszko; escritores, poetas y políticos de alto rango como Adam Mickiewicz y Juliusz Slowacki.
Kaczynski será el primer presidente de Polonia enterrado en ese castillo. Y reposará cerca de la cripta del mariscal Jozef Pilsudski, artífice de la independencia de Polonia en 1918, tras más de un siglo de divisiones.
Impuesta por el gemelo
El Gobierno de Donald Tusk, que teme provocar polémicas en un momento difícil para el país, ha aceptado la decisión de la familia, que, según diversas fuentes, fue impuesta por el gemelo de Kaczynski, Jaroslaw, un político de ideas profundamente conservadoras y católico integrista, más radical, en las formas y en el fondo, que el presidente fallecido.
La polémica decisión ha abierto fisuras en la unidad y el civismo que han demostrado los polacos desde el día de la tragedia aérea, el pasado sábado. El cardenal de Cracovia, Stanislaw Dziwisz, hombre de confianza de Juan Pablo II, aseguró que el entierro de los Kaczynski en Wawel «unirá al pueblo polaco». Muchos ciudadanos piensan lo contrario. Varsovia, Cracovia, Wroclaw y Poznan fueron escenario de manifestaciones contrarias al polémico entierro y un movimiento opositor surgido en Facebook reúne ya a unas 30.000 personas.
Todo indica que el porcentaje de polacos contrarios al entierro en Wawel podría ser mayoritario, pues en los sondeos antes de su muerte la popularidad de Kaczynski apenas alcanzaba el 22%. En términos generales, fue un dirigente bastante impopular que accedió a la presidencia con menos del 30% de los votos, y dividió a la población a fuerza de tomar medidas polémicas, como su obsesión por depurar el país de supuestos espías comunistas, o arrinconar a los homosexuales, o su manía por enfrentarse a Rusia y Alemania.
A las exequias de los Kaczynski en Cracovia asistirán dirigentes mundiales como Obama y Medvédev. Por parte española estarán el rey Juan Carlos y Rodríguez Zapatero.