Debía haber sido un día libre de preocupaciones para los niños. El teatro de marionetas en el centro cultural infantil de Bagdad debía hacerles olvidar el terror y la violencia cotidianos. Sin embargo, a poco de comenzar la representación, los pequeños oyeron un estallido. Los cristales del centro reventaron, las esquirlas volaron y la sangre brotó.
Al contrario que en atentados anteriores, muchos políticos ya no culpan de estos ataques únicamente a los terroristas y a los cabecillas que se ocultan en el extranjero. Ahora que los norteamericanos se han retirado de las ciudades, su ira se dirige también contra la policía y los servicios secretos iraquíes, a cuya cúpula acusan de ineptitud y corrupción.
«Creo que habría que sustituir a algunos comandantes y además necesitamos nuevas estrategias de seguridad», denunció el presidente del comité parlamentario de seguridad, Hadi al Amriri. El ex ministro de Petróleo Ibrahim Bahr al Ulum va más allá: «Los terroristas reciben apoyo logístico de miembros corruptos de las fuerzas de seguridad».
Otros comentarios muestran que la campaña electoral ya empezó. «Las explosiones revelan que las fuerzas de seguridad no garantizan la seguridad en Bagdad», asegura el suní Osama al Nuyaifi, que se presentará en una alianza con chiíes seculares.