La semana negra de Berlusconi

María Signo

INTERNACIONAL

La pérdida de la inmunidad que mantenía paralizados cuatro procesos judiciales contra él abre una incógnita sobre el futuro político del primer ministro italiano

11 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Para Silvio Berlusconi esta ha sido una semana negra que comenzó con la sentencia sobre el grupo editorial Mondadori y se cerró con una sentencia que le retira la inmunidad que le permitía estar a salvo en los procesos judiciales que tiene pendientes. En medio, una protesta masiva contra la mordaza a la prensa y un contraataque feroz de Il Cavaliere, que arremetió contra la prensa, la Justicia y el presidente de la República, Giorgio Napolitano -la figura más representativa de la democracia italiana-. Fiel a su peculiar estilo lanzó un «¡viva Italia!, ¡viva Berlusconi!».

La pesadilla judicial es recurrente en la vida del primer ministro italiano, que cada cierto tiempo tiene que hacer cuentas con viejas historias de actividades de dudosa legalidad. El tribunal civil de Milán que acaba de condenar a su holding Fininvest a pagar 750 millones de euros, ha recordado la controvertida cesión de la editorial Mondadori al grupo de empresas de Berlusconi a principio de los años noventa, cuando este era solo un empresario de éxito.

Casos pendientes

La de ahora es consecuencia de la condena que en el 2007 recibió el abogado de Berlusconi, Cesare Previti, por sobornar a los jueces durante el arbitraje por la propiedad de Mondadori. Otros son los casos pendientes. El que más le preocupa es el del abogado inglés David Mills, condenado por recibir sobornos del jefe de Gobierno, pero para quien el proceso está paralizado a causa de la ley de inmunidad Laudo Alfano. La declaración de ilegitimidad por el Tribunal Constitucional el miércoles a la ley ha retirado el escudo antibanquillo a Berlusconi y por ello tendrá que vérselas con la Justicia también en el caso de las irregularidades por la compraventa de derechos televisivos de Mediaset.

La reacción de Il Cavaliere ha sido de rabia. Atacó a la magistratura y al presidente de la República, al que acusa de «no haber hecho lo suficiente» para convencer a los miembros del Constitucional sobre la «bondad» de la ley. Y despachó con un son «todos rojos» a jueces, periodistas y al propio Napolitano.

Los intentos de Gianfranco Fini y Renato Schifani, presidentes de la Cámara de Diputados y del Senado, por calmar la ira de un Berlusconi que se siente un perseguido de la Justicia, han sido vanos. Él ya ha anunciado que no dimitirá y que se defenderá «en televisión de las mentiras de los jueces». Como primera medida, una llamada al programa Porta a porta en falso directo, en la que despachó con insultos las críticas de una diputada de la oposición. Mientras sus abogados preparan su defensa, Il Cavaliere organiza el contraataque en televisión, donde sabe que tiene todas las de ganar.