El éxito de una cumbre sin declaración conjunta

Arturo Lezcano

INTERNACIONAL

Si de lo que se trataba era de poner a prueba el encanto de Barack Obama frente a sus vecinos del sur, la cumbre le fue como anillo al dedo al norteamericano. Quedan para el archivo una multitud de imágenes: desde los apretones y abrazos con los bolivarianos Chávez, Ortega, Correa y Morales, hasta el libro recibido de manos del venezolano (nada menos que Las venas abiertas de América Latina , la obra crítica con EE.?UU. por excelencia), pasando por el discreto segundo plano en el que se colocó para la foto de familia. Obama quiso dejar constancia, más allá de las palabras, de que su libreto tiene como epígrafes más importantes la colaboración («entre iguales», llegó a decir), la conciliación y el diálogo. Son gestos que a nadie en América Latina hasta hace unos meses se le ocurriría atribuir a un presidente de EE.?UU., y que ahora se interpretan como la señal palpable de que algo ha cambiado. Pese a las diferencias lógicas entre los 34 jefes de Estado, la armonía reinó entre todas las cosas. Y por eso hoy se regocijan en Buenos Aires, Brasilia, Caracas y Washington. Por el éxito.

De las cumbres sale habitualmente un documento firmado por los presentes. Pues bien, tan sui géneris ha sido esta reunión que la declaración final solo fue rubricada por el primer ministro anfitrión, y aún así no se considera un fracaso. Tan grande es el simbolismo de lo vivido en Trinidad que la ausencia de un escrito común se subraya solo como un mal menor, pues la esencia de la cooperación y el espíritu permanece como la gran victoria a la que se apuntan todos, y que en realidad tiene una clara ganadora, precisamente ausente: Cuba.

Cuba

La isla se llevó, como era de esperar, toda la atención. Países con Gobiernos de distinto pelaje intercedieron ante EE.?UU. para pedir el fin del embargo a Cuba.

Tras 50 años de rebeldía, Cuba puede volver a entrar en la Organización de Estados Americanos e incluso postulan a La Habana como escenario de la próxima cumbre. Será en menos de cinco años, y si realmente se celebra allí, será la constatación de que el enorme camino recorrido en solo tres días en otra isla del Caribe, Trinidad, no se corta por cualquier obstáculo. En la siguiente cumbre se podrá volver a hablar, como en esta, sobre pobreza, drogas, energía y seguridad. Pero si se logra la entente con Cuba la agenda de las Américas cobrará otro sentido. Y puede que entonces haya declaración final conjunta. Y entonces el éxito será absoluto.