En el póker atómico que juega con la comunidad internacional, Corea del Norte volvió a apelar ayer a su carta más ganadora: el boicot a las negociaciones sobre su desnuclearización y la reanudación de su programa de armamento atómico, en reacción a la condena del Consejo de Seguridad de la ONU al reciente lanzamiento de un misil.
Horas después, el régimen comunista anunció que interrumpía su colaboración con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y que los inspectores internacionales que vigilan la actividad del reactor de Yongbyon tendrán que abandonar el país asiático.
La decisión de Pyongyang amenaza con reactivar las tensiones y devolver al punto de partida las negociaciones a seis bandas llevadas a cabo durante años. La Casa Blanca condenó la decisión norcoreana, mientras Corea del Sur, Japón, Rusia y China confiaron en que Pyongyang vuelva a sentarse a la mesa de negociación.