Los soldados también son bien recibidos como buenos clientes de los comercios

La Voz

INTERNACIONAL

La gran mayoría de los sureños libaneses agradecen la presencia de los españoles. No solo por las asistencias médicas, las apreciadas visitas del veterinario o el asfaltado de sus carreteras, sino también porque el spanish es un buen cliente que ha hecho prosperar a más de un comerciante libanés.

Alí ha abierto su particular El Corte Inglés. Hace poco tuvo que cerrar la tienda. «Desde el atentado del 2007, ya no vienen a comprar. Solían comprar de todo. Pero ya no vienen», comenta al tiempo que me enseña una foto suya con una guapa soldado española.

Desde junio del 2007, las tropas españolas están en alerta amarilla. Lo que les impide pararse fuera del cuartel para actividades al margen del trabajo, aunque a veces logren hacerlo.

El atentado no solo ha privado a muchos comerciantes de su negocio, sino a muchos libaneses y españoles de intercambiar algo más que saludos.

También hay una minoría que no ve con buenos ojos la presencia de extranjeros y hay quien incluso se muestra susceptible ante la selección geográfica de los proyectos de la Finul. En un territorio en el que con un 80% de chiíes es feudo de Hezbolá y Amal, los drusos y cristianos se sienten rodeados.

Cerca de la base española, apenas hace un mes cayeron una veintena de misiles israelíes. Después de varios disparos de misiles desde territorio libanés, el coronel Ropero asegura que la Finul «vivió intensos minutos de mediación» para que los enfrentamientos con Israel no renaciesen.