Desde que Fidel Castro abandonó el poder en Cuba se ha especulado en Caracas y en La Habana sobre la relación más bien distante entre su delfín venezolano, Hugo Chávez, y el hermano y sucesor del líder revolucionario cubano, Raúl. De hecho, aunque Chávez ha visitado trece veces la isla en los últimos 30 meses, solo en dos oportunidades se reunió con el menor de los Castro.
Para analistas en Caracas y en Estados Unidos (donde también se sigue de cerca la evolución de Cuba, especialmente ante la perspectiva de la llegada al poder del Barack Obama), las relaciones entre Raúl Castro y Chávez están marcadas por la necesidad común. Para Castro se trata de mantener la cuantiosa ayuda que presta Venezuela a la isla; para Chávez, de seguir contando con el personal sanitario cubano, aunque esa ayuda vaya en descenso.
Y es que el presidente bolivariano, que llegó a contar con precios del petróleo a 140 dólares por barril, ahora ve como la canasta petrolera del país (que representa un 90% de las exportaciones para una industria que es totalmente estatal) cerró la semana pasada a 31 dólares.
Se calcula que el grupo médico cubano es de solo 8.000 facultativos, y no de los 30.000 que se afirma oficialmente, y que los módulos de salud en las barriadas caraqueñas están cerrando por falta de trabajadores antillanos. Todo, mientras Chávez ha iniciado una campaña para poder se reelegido en el 2012 mediante una enmienda constitucional.
Heredero de la revolución
La internacionalista María Teresa Romero, de la Universidad Central de Venezuela, señala que Chávez necesita a Raúl Castro «para reforzar la idea de que es el heredero de la revolución latinoamericana [?.] pero Raúl Castro tiene su propia agenda y está tratando de mejorar relaciones con otros países, incluido Estados Unidos».
La visita de Castro a Caracas estuvo marcada a su llegada por el bajo perfil. No hubo caravanas de partidarios de la revolución venezolana acompañando los automóviles de los presidentes en la ruta entre el aeropuerto y la ciudad, ni se desplegaron banderas en los postes, ni carteles de bienvenida. Igualmente, aunque Chávez encadena la televisión y la radio (con una sola señal) hasta dos veces cada día, la llegada del mandatario a la capital tuvo cobertura solo por la estatal Venezolana de Televisión.