Con la economía estadounidense a punto de descarrilar y el Departamento del Tesoro quemando sus reservas a marchas forzadas, el presidente electo, Barack Obama, y su núcleo duro deciden estos días qué promesas electorales deben priorizarse y cuáles tendrán que esperar en el cajón del Despacho Oval. El demócrata ha dejado claro que solventar las penurias financieras del país es su principal preocupación. Sin embargo, sus consejeros se preguntan qué hacer con otros temas de extrema importancia, como el sistema sanitario o la independencia energética.
El debate dentro del equipo del nuevo presidente se centra en determinar si es necesario implementar una estrategia agresiva que caiga como una bomba y ataque varios frentes a la vez o, por el contrario, es mejor ir paso a paso. De hecho, la tensión sobre cuál de los dos caminos elegir ha sido evidente a lo largo de toda la campaña.
Uno de los consejeros de Obama reconoció anónimamente a diversos medios de comunicación que «todo presidente está tentado a abarcar demasiado». «Casos como el de Franklin Roosevelt demuestran cómo un presidente extraordinario puede realizar malas decisiones estratégicas», añadió. Entonces, ¿será demasiado arriesgado para Obama intentar llevar a cabo reformas ambiciosas?
Muchas de estas decisiones están fuera de las manos del nuevo presidente. El plan de rescate financiero ha impulsado el déficit estadounidense hasta límites insospechados. Por eso, John Tuck, antiguo asesor del ex presidente Ronald Reagan, reconoce que «Obama tiene las manos atadas debido a la hecatombe económica y financiera que se cierne sobre el país. Sus opciones son muy limitadas».
El punto clave para implantar una estrategia agresiva y sin precedentes reside en el acercamiento ya utilizado por ex presidentes como Lyndon B. Johnson, que consideraron que el sistema sanitario, la energía y la educación son parte sistemática de los problemas económicos que atormentan al país. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, los consejeros de Obama prefieren optar por una estrategia híbrida que se centre más en medidas específicas para paliar la crisis y deje para más adelante otras iniciativas aireadas durante la campaña.
Recalibrar el programa
Obama es consciente de que la economía lo forzará a tener que recalibrar su programa, pero aun así, ha dicho en distintas ocasiones que el país no puede permitirse «esperar a solventar prioridades clave señaladas durante la campaña como la implementación de energías renovables, la reforma de la seguridad social, la educación o una rebaja fiscal para la clase trabajadora».
Por primera vez desde que fue elegido presidente, el demócrata Barack Obama pisará hoy la Casa Blanca, invitado por su actual inquilino, George W. Bush, para limar asperezas y asegurarse de que la transición entre el mandato del republicano y el del afroamericano se lleve a cabo de la manera más tranquila posible.