Tras una intensa campaña electoral de 45 días sin episodios de violencia, Ecuador decidirá mañana si refrenda un cambio constitucional, el vigésimo de su vida republicana, que dará paso a la mutación estructural del Estado promovida desde el Gobierno de Rafael Correa. El presidente y sus ministros han sido los mayores promotores del apoyo a la nueva Carta Magna. Se trata del tercer proceso electoral en menos de dos años de gestión de Correa.
La abrumadora campaña oficial ha copado espacios de televisión y radio para defender el «sí y mil veces sí», planteado por el presidente como eslogan para aprobar la carta política. Su entrada en vigor permitirá, según la versión oficial, reestructurar el Estado ecuatoriano, despolitizar sus instituciones y la selección de altos funcionarios, recuperar recursos naturales para el manejo del Estado y desarrollar una democracia real y de participación de los ciudadanos.
La oposición, reducida y dividida frente a la creciente fortaleza del partido oficialista Alianza País y su máximo líder, difiere del Gobierno y sostiene que la nueva Constitución fundará un sistema estatista e hiperpresidencialista, que dará poderes excesivos al mandatario y le permitirá controlar los demás poderes del Estado.
Los máximos exponentes de la oposición, el alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, y el ex presidente Lucio Gutiérrez, no se han aliado. Cada uno actúa por su lado y el Ejecutivo ecuatoriano intenta neutralizarlos minando sus bases de apoyo y advirtiendo, en el caso de Nebot, de supuestas pretensiones separatistas similares a las de Santa Cruz, en Bolivia.
La preocupación del sector privado consiste en la incertidumbre ante medidas que pudieran atentar contra la seguridad jurídica y la propiedad privada. También preocupan los rumores de que la salida de la dolarización, esquema monetario asumido en Ecuador desde enero del 2000, se acerca al ser el propio presidente uno de sus más importantes detractores.
Los medios de comunicación se muestran cautos ante las duras críticas de Correa, que van desde la falta de ética y el apoyo a la derecha hasta la ausencia de apego a los hechos y la escasa investigación que realizan para publicar sus informaciones.
La cercanía con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, es un elemento que siempre ronda a Correa. El ex vicepresidente de Ecuador, León Roldós, denunció la presencia de asesores españoles que habrían redactado la Constitución venezolana y luego la ecuatoriana con artículos muy similares, como el que posibilita a discrecionalidad del presidente la expropiación de tierras y un eventual control de los medios de comunicación.