Pugna por el control del Kuwait andino

INTERNACIONAL

En la década de los noventa, los tarijeños descubrieron que vivían sobre las segundas reservas de gas de Latinoamérica. La llamada Andalucía boliviana -con su propio río Guadalquivir surcándola de norte a sur- se convirtió en una suerte de Kuwait andino, donde el presupuesto local pasó de 7 a 300 millones de dólares.

Con más de un billón de metros cúbicos de reservas en su subsuelo, alimentan los mercados de Argentina y Brasil y constituyen la principal fuente de ingresos del país, concretamente cerca del 13% de los recursos al PIB boliviano. En sus pozos operan la compañía hispanoargentina Repsol YPF y la brasileña Petrobras.

La riqueza del gas le ha permitido a Tarija -con una población de 391.226 habitantes- vivir una bonanza económica, que en cambio no ha llegado a la mayoría de su población, que cuestiona a la gobernación con la pregunta de «¿dónde está la plata?» y acusa a su dirigente, Mario Cossío, de ser un corrupto. Las cifras hablan: la pobreza se ha reducido del 71% al 51%, pero en las zonas rurales sigue por encima del 90%.

Por eso muchos de los que votaron ayer sí a la autonomía, optarán por echar al gobernador Cossío en el referendo revocatorio del 10 agosto. Ese es por lo menos la intención de los diputados de la agrupación ciudadana Poder Democrático y Social (Podemos), Wilmar Cardozo y Rodrigo Paz.