Los socialistas agravan el castigo a Sarkozy en las municipales

Fernando Iturribarría

INTERNACIONAL

Los conservadores franceses, que pierden plazas como Toulouse o Estrasburgo, apenas logran salvar Marsella del batacazo.

17 mar 2008 . Actualizado a las 00:22 h.

El Partido Socialista (PS) consiguió una victoria histórica en la segunda vuelta de las elecciones municipales francesas al imponerse en una treintena de municipios con más de 30.000 habitantes. Los correligionarios de Bertrand Delanoë, reelegido con brillantez alcalde de París, arrebataron a la derecha Toulouse, cuarta urbe del país, que sumaron a Lyón, la tercera, conservada en la primera vuelta. Pero no lograron hacerse con Marsella, la segunda metrópoli, que salvó el honor de las huestes de Nicolas Sarkozy, víctima de la agravación del voto de castigo diez meses después de su triunfal acceso al Elíseo.

El PS reconquistó, además, con porcentajes en torno al 56%, ciudades que estaban en poder de la derecha como Estrasburgo, Reims, Amiens, Caen o Saint-Etienne. En Reims, capital de Champaña, se benefició de las divisiones de la derecha en uno de sus feudos tradicionales para brindar con champán rosado. En Amiens, antiguo bastión comunista, acabó con el paréntesis de 19 años protagonizado por el ex ministro conservador Gilles de Robien, que optaba a un cuarto mandato en el Ayuntamiento.

Saint-Etienne, donde la candidatura centrista había optado por seguir en liza, fue uno de los varios ejemplos del determinante trasvase de votos desde el centro a la izquierda. Pero François Bayrou, líder del MoDem centrista, pagó con su fracaso por menos de un punto porcentual en Pau la estrategia de alianza a la carta por ciudades que desorientó y sembró la confusión entre sus seguidores.

Los socialistas incorporaron Lille, donde la ex ministra Martine Aubry fue reelegida con el 66,5%, al listado de urbes ganadas en la primera vuelta: Lyón, Nantes, Besançon, Dijon o Limoges. También salvaron Angers, una de sus pocas plazas amenazadas por la derecha.

Batacazo conservador

Resultado simbólico del batacazo conservador fue la derrota en Toul de la sarkozysta Nadine Morano, portavoz de la UMP gobernante.

Xavier Darcos, ministro de Educación, fue desalojado de la alcaldía de Périgueux, a pesar de haber contado con el apoyo personal en la campaña del jefe del Gobierno, François Fillon, y de Alain Juppé, reelegido alcalde de Burdeos en la primera vuelta.

La contrapartida fue la ciudad alsaciana de Mulhouse en la que el ex socialista Jean Marie Bockel, emblema dentro del Ejecutivo del aperturismo de Sarkozy, conservó por poco su sillón del alcalde. La victoria en Le Havre, feudo comunista hasta 1995, fue una de las escasas satisfacciones del campo conservador junto al peleado triunfo en Marsella.

Las urnas confirmaron el papel de contrapoder local asumido en los últimos años por la izquierda francesa. Los socialistas, que ya controlaban 20 de las 22 regiones metropolitanas desde 2004, vieron afianzada en los comicios cantonales su hegemonía departamental y pasaron a dominar gracias a las elecciones municipales el escalafón de las grandes metrópolis.

Asuntos inmediatos

Los franceses se han acostumbrado a confiar la gestión de los asuntos inmediatos a unas fuerzas políticas a las que relegan a la oposición en el poder nacional. Esa dimensión de partidos para la corta distancia sin líder de capacidad indiscutible para las cuestiones de Estado se ha reflejado en los tres fracasos consecutivos cosechados en las presidenciales: en 1995 y 2002 con Lionel Jospin ante Jacques Chirac, el año pasado con Ségolène Royal ante Sarkozy.

La abstención, que había alcanzado una semana antes el nivel histórico en la V República del 33,54%, el más alto desde 1959 en unas municipales, siguió su curva ascendente y llevó esta vez el techo cerca del 35%. La derecha fue incapaz de volver a movilizar al electorado popular que abandonó al ultraderechista Jean Marie Le Pen la pasada primavera para aupar a Sarkozy a la jefatura del Estado. El recurso en la recta final de la campaña a temas socorridos como la inmigración o la identidad nacional no surtió efecto entre el contingente de abstencionistas, formado en un 54% por empleados y obreros.