Un eterno segundón con control total del Ejército y del partido

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Ha estado toda su vida a la sombra de su hermano. Y desde ese lugar de eterno y fiel segundón, opacado por la desmesura proteica de su hermano, ha trabajado primero por el triunfo de la revolución de 1959, combatiendo en Sierra Maestra, y luego por su consolidación, creando las Fuerzas Armadas y fortaleciendo el Partido Comunista. En su absoluto control de los dos resortes fundamentales del régimen radica su papel clave. Ya Tad Szulc, gran biógrafo de Fidel, escribía hace 20 años que Raúl llevaba el día a día de los asuntos, mientras su hermano se ocupaba de los temas ideológicos. El ex analista de la CIA y biográfo del menor de los Castro Brian Latell lo califica como el único dirigente «verdaderamente indispensable del régimen», sin el que su hermano no habría podido gobernar tanto tiempo.

Era el sucesor cantado. Él mismo solía contar un chiste cuando le preguntaban qué pasaría en Cuba tras la muerte de Fidel: «Es imposible saberlo, porque no se puede reemplazar un elefante por cien conejos». Como ha indicado Jean-François Fogel, «el jefe de los conejos» tenía que ser él porque así lo estipuló Fidel.

Aunque tenía fama de duro, ortodoxo y extremista, y fue marxista-leninista antes que Fidel, este hombre discreto y sin carisma, afable, bromista, gran organizador y aficionado al alcohol ha demostrado ser más aperturista y pragmático que su hermano. Es famosa su frase «los frijoles valen más que los cañones» dicha en los noventa, en pleno «período especial», cuando permitió que se reabrieran los mercados libres campesinos. En estos casi 19 meses en el poder ha transformado su imagen de Raúl el terrible, forjada por Fidel, en adalid del cambio, que ha pedido a los cubanos que hablen sin miedo, aunque siempre dentro del sistema comunista.