La democracia se cobra su venganza

Can Merey

INTERNACIONAL

Bailes desenfrenados, tiros al aire y dulces: la oposición paquistaní celebró así no solo su claro triunfo electoral, sino también el catastrófico descalabro de la Liga Musulmana de Pakistán-Quaid (PML-Q). Paradójicamente, el resultado más trascendente afecta a un político que no participaba en ellos: el controvertido presidente Pervez Musharraf. «La democracia se cobra venganza», titulaba ayer el diario local The News . También Benazir Bhutto había adelantado que la democracia sería la mejor venganza, poco antes de ser asesinada en el mes de diciembre.

Musharraf, al que la mayoría de los paquistaníes siguen considerando un dictador a pesar de su pública defensa de la democracia, no es el único perdedor. Los votantes también castigaron a los extremistas islámicos que triunfaron en el 2002 sacando provecho de la ola de simpatía desatada por la invasión estadounidense de Afganistán.

Los observadores extranjeros destacan otras buenas noticias: por un lado, la cita electoral no dio lugar al baño de sangre que se temía, y por el otro, la PML-Q no logró manipular los comicios hasta el punto de torcer la voluntad de los votantes.

Para Musharraf, estrecho aliado de Washington que llegó al poder con un golpe de Estado en 1999 y que en el 2007 se hizo reelegir para un nuevo mandato, las elecciones son una verdadera «bofetada», según un diplomático occidental en Islamabad.

Su base de poder está erosionada. No solo la PML-Q aparece ahora desmoralizada. También las fuerzas de seguridad lo han abandonado después de que se viera obligado a renunciar a la jefatura del Ejército por la presión opositora. «Sus días están contados. Le doy unos meses», concluye el diplomático.

Pakistán no le perdonó que sustituyera a los jueces independientes, el aumento de los alimentos y la detención y asesinato de numerosas personas en nombre de la lucha antiterrorista, que tampoco se vio resarcida por un descenso de la violencia, sino todo lo contrario. «El camino ante nosotros no es sencillo -escribe The News -, pero nuestro viaje hacia adelante sería mucho más fácil si Musharraf reconociera el signo de los tiempos y se marchara».