Del «¿Por qué no?te callas » a la distensión diplomática

INTERNACIONAL

El espontáneo y estentóreo «¿Por qué no te callas» que espetó el Rey a Hugo Chávez durante la Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile supuso un grave deterioro de las relaciones diplomáticas entre Caracas y Madrid. El ex coronel golpista quiso utilizar el incidente en clave doméstica para ganar votos en el referendo que estaba en puertas, arrogándose el papel de víctima de la prepotencia de la antigua potencia colonial.

Han pasado apenas tres meses y las cosas se han calmado. Una vez pasada la marea electoral. Los venezolanos frenaron en seco la deriva autoritaria que su presidente quería seguir abiertamente al votar no a la reforma constitucional. Y desde entonces la popularidad de Chávez está en caída libre, hasta el punto de que ha pasado del 65% en el 2006 a un pobre 38% en la actualidad, según los datos de la empresa encuestadora Alfredo Keller & Asociados.

Tanto han cambiado las cosas en tan poco tiempo que Chávez ha recibido efusivamente al nuevo embajador español en Caracas con un «bienvenido a su casa» y ha enviado saludos para el Rey. También le transmitió que desea que Zapatero gane las elecciones, lo que demuestra que pese a que le afeó su conducta por llamar fascista a Aznar, el mandatario sigue prefiriendo a los socialistas.

La crisis diplomática pilló en puro tránsito a las embajadas de los dos países. De Caracas se acababa de marchar Raúl Morodo y de Madrid, Arévalo Méndez, sustituidos por Dámaso de Lario y por Alfredo Toro Hardy, quien presentó sus cartas credenciales a don Juan Carlos el pasado 18 de diciembre.

El PP pidió al Gobierno que reaccionara ante las diatribas e insultos que profirió Chávez y llamar a consultas al embajador en Caracas. Por su parte, el Gobierno estimó que lo mejor era reaccionar con prudencia para no perjudicar los intereses de los españoles que residen en el país latinoamericano. Atrás quedan las amenazas del líder venezolano de que iba a someter a una «profunda revisión» las relaciones con Madrid, a vigilar con lupa a las empresas españolas y a nacionalizar los bancos españoles en su país. Las aguas se han calmado, pero del imprevisible Chávez cabe esperar cualquier cosa.