Los precandidatos republicanos tienen un problema común en esta decisiva fase de las primarias: van justos de dinero. Todos menos Mitt Romney, que gracias a su fortuna personal valorada en más de 250 millones de dólares puede seguir gastando en anuncios, concentrarse en la campaña y pagar a su equipo. El ex gobernador de Massachussets tiene, por ese lado, la ventaja que las encuestas le niegan.
Romney ha perdido tres de las cinco primeras citas con las urnas que han tenido los republicanos para elegir al que será su candidato a la Casa Blanca y va por detrás de sus rivales en los sondeos a nivel nacional, pero sus aspiraciones siguen aún vivas debido al dinero que amasó años atrás como inversor en Wall Street. Diversas fuentes señalan que tiene pensado gastarse hasta 40 millones de dólares de su bolsillo. Hasta septiembre del año pasado había desembolsado casi 18 millones.
Y el dinero es crucial para seguir adelante cuando es necesario gastar en anuncios. Sobre todo ahora que llega el supermartes y habrá primarias en una veintena de estados, donde, de una manera u otra, hay que estar presente. Y seguir dando mítines sin perder tiempo en organizar cenas y galas para recaudar fondos. En eso están sus rivales, que a veces desaparecen de escena y vuelan kilómetros para atender estos eventos privados que les distraen de la campaña.
El dinero es decisivo
El dinero fresco da la tranquilidad que supone trabajar con un equipo motivado y comprometido. En eso también fallan sus contrincantes: un asesor de Huckabee decidió dejar de cobrar los 25.000 dólares al mes que recibía, y los altos cargos del equipo de Rudolph Giuliani donaron su salario de enero a la campaña. «Él [Romney] simplemente tiene que ir al cajero automático más próximo y sacar lo que quiera», señalan resignados desde el cuartel general de Huckabee.
No obstante, si bien es cierto que el dinero es decisivo en esta fase, también lo es que las primarias de Florida, claves para los republicanos, están a la vuelta de la esquina (este martes), y como admite el propio Romney, todos tienen fondos suficientes para llegar hasta ahí. Aunque él haya, literalmente, empapelado Miami con su perfecta sonrisa.