Poco antes de que el lunes, 16 agencias de inteligencia norteamericanas hicieran público el informe sobre Irán, el rey saudí Abdalá y el presidente iraní, Ahmadineyad, iban de la mano en Doha. Ambos entraban así en el Consejo de Cooperación de los países del Golfo, en Qatar.
Arabia Saudí e Irán son los enemigos acérrimos, en una zona vital para la energía mundial, la geoestrategia de Oriente Medio, los intereses norteamericanos y la paz del planeta.
Hasta ahora, Irán no había sido invitado a la reunión. Este año, el rey Abdalá se aseguró de que esto no fuera así. Washington le había comunicado que el último año del mandato de Bush, tal y como se pidió desde Riad, va a estar centrado en cómo lograr la paz, más que en ataques. Desde Annápolis, el horizonte en Oriente Medio es político, no militar. Un cambio radical.
La Casa Blanca y el Gobierno de Irak han llegado a un acuerdo para que las tropas de EE.?UU. permanezcan en el país, con un pacto de no agresión por parte de Irán. Abriendo así la puerta a un diálogo directo entre Washington y Teherán. El acercamiento entre Estados Unidos y Siria -aliado de Irán- para nombrar, probablemente el viernes, presidente del Líbano al general Michel Suleimán, alejando el espectro de guerra civil. La preocupante subida de los precios del petróleo, que deben ser contenidos, so pena de una nueva recesión mundial. O de un nuevo enfrentamiento con el OIEA, el organismo internacional para la energía atómica, cuyo último informe rebajaba el peligro nuclear iraní, como había hecho con el iraquí solo un mes antes de la invasión. La Casa Blanca, todo sumado, ha decidido rectificar su estrategia.
El gran perdedor es Israel. Según el Mossad, Irán dispondría de una bomba nuclear en el 2009-2010. Según la CIA, en el 2013-2015. Para el diario Yeditoh Ahoronot , «asombro» es la palabra que describe las nuevas estimaciones de EE.?UU. Lo más increíble es que todos los primeros ministros hebreos, desde el 2001, han dicho que Irán está a «seis meses» de tener la bomba. Y todo el mundo sabe que, si hay algo difícil de cambiar, es la opinión de los espías cuando han llegado a una conclusión colegiada.