El presidente se siente más fuerte

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

21 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Alí Lariyani, el recién dimisionario negociador nuclear iraní, no es precisamente un moderado. Cuando era director de la televisión estatal, sin ir más lejos, retiró todas las series extranjeras para «proteger la moral de los jóvenes» (los cuales, lógicamente, ahora ven solo televisión por satélite, a escondidas). Su celo llegó a tal punto que en los informativos se censuraban incluso los discursos presidenciales, lo que le valió algún aviso serio. Pero Lariyani siempre ha contado con el apoyo del hombre que realmente manda en Irán, el ayatolá Alí Jamenei, y fue él quien sugirió su nombre a Ahmadineyad cuando éste pidió un negociador nuclear más duro que el reformista Rouhani.

La caída de Lariyani, pues, no debe leerse en términos de «moderación» frente a «radicalismo», sino como parte de las luchas internas de la Corte islamista de Teherán, cada vez más parecida al totalitarismo burocrático de la vieja China de Mao. Lariyani, aunque pertenezca a la línea dura, no era un hombre de Ahmadineyad. Éste lo aceptó en un momento en el que su propia debilidad era evidente y se le culpaba del aislamiento internacional de Irán. Pero las cosas han cambiado.

Alianza con Putin

Ahmadineyad vive ahora un momento dulce. La reciente cumbre del Caspio ha sido un éxito rotundo para él. Rusia parece de repente dispuesta a forjar una alianza estratégica con los iraníes. Putin no solo se comprometió a terminar la central nuclear de Bushsher, lo que implica una colaboración directa en el programa nuclear iraní, sino que además ha dado garantías de que no aceptará más sanciones contra Irán en la ONU.

Este mayor acercamiento a Teherán ya había quedado claro durante el encuentro Putin-Sarkozy, en el que el presidente ruso cortó en seco la retórica agresiva de Francia.

Vladimir Putin sigue, por lo tanto, adelante con su proyecto de nueva guerra fría, en el que la colaboración (casi seguidismo) en materia exterior con Washington de la era Yeltsin está dando paso a una rivalidad abierta por el control de los recursos energéticos. Ahmadineyad siente que se ha salvado y que Irán no va a quedarse aislado y a merced de un ataque norteamericano.

Es esta fortaleza de su posición lo que ha permitido a Ahmadineyad deshacerse de Lariyani. Probablemente, el presidente ha recibido luz verde del ayatolá Alí Jamenei para nombrar un negociador más próximo a sus tesis y que, con la carta rusa en la manga, plantee una negociación más dura.

Hasta ahora, Irán ha permitido las inspecciones habituales del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA). Lo que no acepta es la fórmula de las inspecciones salvajes que exigen Francia y Estados Unidos, y a partir de ahora es menos probable que lo haga.

Lo que sí es seguro es que, sin tiempo para nombrar un nuevo negociador, la reunión prevista para pasado mañana con Javier Solana es ya papel mojado antes de empezar (claro que esto puede decirse prácticamente de todas las iniciativas de Javier Solana, el triste representante de una política exterior europea inexistente).