¿Qué hacemos en Afganistán?

Ivannia Salazar

INTERNACIONAL

Mientras en España continúa la polémica por la misión española, soldados y voluntarios trabajan por mejorar las condiciones de vida de la población afgana

01 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

¿Hay que salir de Afganistán? ¿Están los soldados españoles en una guerra o no? ¿Qué estamos haciendo realmente en Afganistán? Estas preguntas se repitieron en la prensa y en las calles, tras la muerte en atentado el pasado lunes de los soldados Germán Pérez Burgos y Stanley Mera Vera, con los que ya son 85 las víctimas mortales entre las filas españolas.

Gobierno y oposición se han enzarzado en la polémica sobre si las tropas están o no envueltas en una guerra. El Ejecutivo ha defendido en múltiples ocasiones que es una misión de paz con mandato de la ONU y, en palabras del ministro de Defensa, José Antonio Alonso, en Afganistán no hay un conflicto bélico, porque «las Naciones Unidas no hacen la guerra, sino que promueven la paz, la estabilidad y la seguridad».

El Partido Popular insiste, por su parte, en que el Gobierno no ha dicho la verdad sobre los peligros de la labor. En palabras de su secretario general, Ángel Acebes, «le damos nuestro apoyo incondicional y estamos orgullosos de la ejemplar labor de las tropas españolas», pero los soldados españoles «están en un escenario de guerra y, por tanto, de altísimo riesgo».

El papel de España

En la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) participan 8.000 militares de 37 países. Su objetivo es, según fuentes de la organización, «proporcionar un entorno seguro y estable». España tiene desplegados actualmente 690 militares, lo que nos convierte en el noveno país que más fuerza aporta.

España lidera la Base de Apoyo Avanzada de Herat (al oeste) y un Equipo de Reconstrucción Provincial (PRT) en Qala i Naw, desde mayo del 2005. Tiene personal en el cuartel general del Mando Regional de Herat, dirigido por Italia, y en el cuartel general de ISAF en Kabul. También mantiene un destacamento aéreo en Manás (Kirguizistán) para apoyar el despliegue en Afganistán.

Su aporte más importante ha sido a través del PRT, en el que participan ocho técnicos y cooperantes de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI). La agencia trabaja principalmente en la provincia de Baghdis, la más pobre del país, donde su labor se ve apoyada por las fuerzas militares, sin las cuales el papel del voluntariado sería aún más inseguro.

Su proyecto más reciente es una escuela de matronas, que según explicó Pablo Yuste, coordinador en Afganistán de la AECI, «es un proyecto que lucha por frenar el alto índice de mortalidad materno infantil en una de las zonas más subdesarrolladas». Yuste señala que «hacer un despliegue de capacidades médicas en la zona es muy complicado porque las carreteras son terribles. Además, los voluntarios se enfrentan a una sociedad «que ha tenido poco contacto con el exterior y que en principio rechaza todo lo extranjero. Ahora somos un elemento más de la comunidad. La gente nos conoce y nos agradece el trabajo».

Aportes

En el último año, la AECI y el Ejército han repartido más de 20 toneladas de material de primera necesidad, medicinas y equipamiento agrícola. Han dotado de suministro eléctrico a algunas zonas y construido un aeródromo y trece puentes, además de bibliotecas, parques y mezquitas. También han reparado y construido pozos y depuradoras, y donado material para la enseñanza. Actualmente se están realizando obras para dotar a la ciudad de una red de evacuación de residuos.

Pero estos son solo algunos ejemplos, «porque también llevamos a cabo actuaciones en los ámbitos de las comunicaciones, agua y saneamiento, educación, soberanía alimentaria y del empoderamiento de las mujeres», afirman desde la agencia, que subvenciona una gran parte de los proyectos en la región.

Un cooperante de la AECI destinado en Qala i Naw apunta, no obstante, que «la labor humanitaria en Afganistán no sería posible sin la presencia de los militares.

Y Afganistán no es exactamente un país en paz y los riesgos son muchos. Según James Bloom, un cooperante estadounidense de una oenegé en la zona, «no es lo mismo una misión humanitaria en un país devastado pero sin problemas de seguridad, que en uno donde hay atentados terroristas, secuestros e inseguridad en general».