Albania se paralizó ayer para recibir como a un héroe a George W. Bush en las calles de Tirana, una ciudad cuyo espacio aéreo y de seguridad estuvo durante la visita totalmente controlado por marines y agentes de la CIA. Para un país aislado durante más de 40 años y con un sistema político aún vacilante, la visita por primera vez de un presidente del país más poderoso del mundo fue una auténtica fiesta. «Es como si él fuera nuestro presidente», dijo Mbiemri Osmani, de 48 años. «Tanto antes como después del comunismo, hemos mirado a EE.?UU. para que nos apoye», añadió Osmani, que como el 70% de la población del país es musulmán. «Él es el símbolo de la democracia. Estados Unidos protege la libertad de otros pueblos», dijo, por su parte, Ruta Jakvarozki, una mujer de 52 años que se desplazó a Tirana desde Mirdita, a tres horas de distancia. Osmani y Jakvarozki son dos de los miles de personas que se congregaron en la plaza principal de Tirana, una ciudad de 600.000 habitantes, para tratar de ver a Bush. Sobre sus cabezas sobrevolaba a baja altura un helicóptero Black Hawk con las puertas abiertas, listo para la acción, mientras que francotiradores estadounidenses estaban apostados en los principales edificios. El Gobierno avisó a los vecinos de que resistieran la tentación de querer ver a Bush desde los balcones para evitar que los soldados apretaran el gatillo por error. Las autoridades, que empapelaron la capital con el rostro de Bush, rodearon el aeropuerto con viejos camiones militares, a manera de barrera de seguridad. Además, desplegaron a soldados y policías en dos filas ininterrumpidas de más de 20 kilómetros a los lados de la carretera hasta Tirana. Eso sí, no llevaban pistolas porque la Casa Blanca había prohibido que los albaneses estuvieran armados cerca del presidente. Pero en la ciudad no se distinguía ningún atisbo de hostilidad. Lejos estaban las manifestaciones de Heiligendamm y Roma . Tras una reunión con los dirigentes de Albania, Croacia y Macedonia, Bush volvió a insistir en que se debe aprobar ya un plan que dé la independencia a Kosovo, provincia serbia de mayoría albanesa, añadiendo que, si Rusia continuaba bloqueándola ,Occidente actuaría. Fue lo que querían oír por lo menos unos 2.000 albanokosovares que cruzaron la frontera para ver a Bush. Ocho horas después de su llegada, el presidente de EE.UU. viajó hacia Bulgaria, última escala de su gira europea.