Zapatero arropa a Royal entre olés en el final de la campaña francesa
INTERNACIONAL
Sarkozy promete que no pactará con Le Pen, pero tiende la mano a sus electores en Marsella El jefe del Ejecutivo español dijo que la líder socialista encarna el cambio y el futuro
19 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Con el centrista François Bayrou como enemigo común a batir, la socialista Ségolène Royal y el conservador Nicolas Sarkozy eligieron anoche el sur del país para cerrar campaña a las elecciones presidenciales francesas del domingo. En el viejo puerto de Marsella, el ex ministro del Interior congregó a 20.000 militantes, aunque hubo ausencias en la foto de familia de su partido, la UMP. En Toulouse, la en su día rebautizada por los franceses como la Zapatera se convirtió en el único candidato con apoyo internacional al recibir el más apasionado del presidente del Gobierno español. Aclamado por más de 20.000 personas al grito de ¡Viva, viva, Zapatero, Zapatero, olé olé!, el invitado encontró paralelismos entre el estilo de la aspirante socialista y el suyo, con «una vocación de dirigir antes que de mandar» para desarrollar así «otra forma de gobernar». En una intervención de poco más de diez minutos, Zapatero presentó a Royal como «el futuro», «la persona que encarna el cambio» y que «puede presidir a los franceses». Y destacó que en su día Toulouse acogió a cientos de españoles exiliados. «Para cambiar no hay que esperar a la segunda vuelta; la izquierda no nació para esperar sino para llegar cuanto antes», aseguró Zapatero. Ella le agradeció su apoyo poniéndolo como «ejemplo de valentía» por su decisión de retirar las tropas españolas de Irak nada más acceder al Gobierno. Alabó los avances sociales de los socialistas españoles y le prometió «siempre el respaldo de los socialistas franceses en la difícil tarea de la lucha contra el terrorismo». En el mismo escenario donde François Mitterrand cerró en 1981 la primera de sus campañas ganadoras, su viuda Danielle estuvo presente para apoyar a la candidata que llamó a la movilización de todos los electores de izquierdas desde la primera vuelta, «para escribir una nueva página de la historia de Francia» ahora que está amenazada «por el riesgo de una fractura republicana». Porque para Royal, «si Sarkozy derrapa de forma escandalosa es para hacer un guiño a los electores del Frente Nacional». En Marsella, donde Jean-Marie Le Pen logró un 20% de votos en las anteriores presidenciales, Sarkozy se comprometió a no llegar a pacto alguno con él. Pero no despreció, en cambio, a sus posibles votantes, y les tendió la mano de cara a la segunda vuelta, porque «no hay buenos ni malos electores». El candidato conservador se mostró confiado en sus posibilidades en la primera vuelta este domingo, que considera «un principio, un calentamiento». Saliendo al paso de los ataques recibidos, intentó tranquilizar a los electores sobre su personalidad, y rechazó con vehemencia las acusaciones de autoritarismo «de la izquierda biempensante que quiere prohibir la autoridad». Según Sarkozy, «hay una crisis moral francesa y poco importa si eso no le gusta a una izquierda mundana que desde hace tiempo ha perdido todos los referentes». En tono más íntimo, reconoció no salir indemne de esta campaña «por las mentiras y los insultos» sobre su vida. El candidato de la UMP logró reunir en el escenario a la casi totalidad del Gobierno. Faltó el primer ministro, Dominique de Villepin, quien le dio un apoyo tan tibio como el del también ausente Jacques Chirac.