Reportaje | La vicisitudes de los trabajadores en Cuba La mayoría de los cubanos aguzan el ingenio para mejorar sus escasos sueldos. El sueldo medio no supera los doce euros pero el gasto ronda los sesenta.
04 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.José M. no madruga mucho. Le gusta el trago y la juerga. Así que se ha acomodado en un empleo a su medida. Tiene 45 años y es raro el día en el que inicia el reparto del correo antes de las diez de la mañana en una ciudad costera más pequeña que grande. Va armado con un silbato para avisar a los vecinos cuando han de firmar la recepción de un paquete o de un certificado. En pocas horas acaba su tarea y, a primera hora de la tarde, está listo para empezar a buscarse la vida, es decir, para empezar a trabajar de verdad. Apostado junto a alguno de los edificios emblemáticos del centro, aborda al turista y empieza su retahíla de fechas y datos. Es licenciado en inglés, así que arranca en la lengua de Shakespeare hasta que el turista muestra su primer signo de interés: «Soy español» y ahí reinicia la perorata. Si todo va bien, José M. completará el recorrido por los puntos claves de la ciudad e ira ganándose la confianza de su audiencia, sea uno o sean quince y, para entonces, ya tendrá una idea bastante clara de que ofrecer a quien le sigue: una cena en un paladar (restaurantes caseros legales o ilegales), unos puros habanos, unas botellas de ron a 2,25 pesos convertibles (moneda equivalente al dólar de uso obligatorio para los turistas), una casa de alojamiento y, si es necesario (y suele serlo con enorme frecuencia), unas chicas. Su frase de guerra es «¿De que color la prefiere?». De todo saca algo; unas veces más y otras menos. Pero, en el peor de los casos, una propina de tres convertibles por el paseo turístico. ¿Es poco? José M. recibe del Gobierno mensualmente 250 pesos cubanos, es decir, 10 pesos convertibles: la tercera parte de su sueldo. Dos trabajos De una manera o de otra, la mayor parte de los cubanos hacen lo mismo que José M.: un trabajo oficial por la mañana, otro trabajo por la tarde. Sólo unos pocos se conforman con su paga que apenas les permite subsistir. El sueldo medio roza los 12 convertibles y los gastos se suelen disparar hasta los sesenta. Los médicos, la élite de los salarios gubernamentales, alcanzan los 26. Uno de ellos, en la provincia de Cienfuegos, aunque molesto con tanta pregunta, acababa por admitir: «Es cierto que en Cuba, comparado con otros países, los médicos no ganan mucho». Claro que, ¿qué es mucho y qué es poco? La mayor parte de los cubanos tienen vivienda propia. Tal vez no la que desearían, pero casi nadie está en la calle. Una cerveza cuesta un convertible y un mojito más de dos, así que una noche loca puede salir por un sueldo. La asistencia bucodental es gratuita y una dentadura postiza cuesta 20 convertibles. Un coche difícilmente puede adquirirse por menos de seis mil. Una hamburguesa cuesta otro convertible, pero un refresco natural en un puesto en el mercado vale el equivalente a dos céntimos de euro. Relatividades aparte, la mayor parte de los cubanos tiene dos empleos y buscan al atardecer el complemento que les permita comprarse unos zapatos de piel o un acondicionador para el pelo. Desde ofrecer cebollas al borde de la autopista a trapichear con lo que sea. En la calle En esas circunstancias se entiende algo mejor que una estudiante de informática de 21 años se ofrezca en la calle por diez pesos. Dice que esta loca por ponerse un piercing en el ombligo, que le cuesta ocho. No parece muy entusiasmada por su carrera académica. Al fin y al cabo, compartir un equipo informático con un aula de otros 28 estudiantes, puede resultar bastante descorazonador y Damaris parece más animada con lucir unos brillantes en el vientre que con manejar un PC que apenas si toca un par de veces por semana. A las dos de la tarde ya está clavada en una de las cafeterías más céntricas de la ciudad en la que José M. ejerce de cartero, pero hay que superar mucha tristeza para tener en cuenta su descarada oferta. Demasiada. Vale la pena declararse homosexual y ofrecer una subvención a fondo perdido para el piercing y así evitar el asedio y la congoja.