Chechenia celebra las primeras legislativas de su historia

Rafael M. Mañueco MOSCÚ

INTERNACIONAL

Las elecciones estarán marcadas por un clima de violencia extrema La situación invita a pensar que se repetirán los fraudes de anteriores votaciones

26 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El excesivo celo de las fuerzas de seguridad rusas por evitar ataques y atentados en Chechenia, en donde hoy se celebran las primeras elecciones legislativas de su historia, supone en sí una seria limitación de los derechos que hacen que unos comicios sean realmente democráticos. Al igual que en todas las demás convocatorias electorales de los últimos tres años, los separatistas, dirigidos ahora por Shamil Basáyev, el terrorista número uno de Rusia, han hecho un llamamiento al boicot. Probablemente, la aparición de diputados con algo más de legitimidad que los miembros del casi extinto Consejo de Estado, que fueron designados todos a dedo, no va a hacer que cesen las hostilidades, pero en el Kremlin siguen resueltos a llevar a término su «plan de normalización» caiga quien caiga. La primera fase de ese «proyecto pacificador» tuvo lugar en marzo del 2003, cuando los chechenos acudieron a las urnas para pronunciarse en referendo sobre la conveniencia de seguir perteneciendo o no a Rusia. La votación se realizó con el tableteo de fondo de las armas automáticas y las detonaciones de las bombas. Pasado desalentador Según datos oficiales, el 96% de los participantes en la consulta se pronunciaron a favor de que Chechenia «sea parte inalienable de Rusia». No sólo la guerrilla consideró que la consulta había sido amañada, las organizaciones de derechos humanos rusas y algunos de los partidos de la oposición al presidente Vladimir Putin secundaron esa opinión. Aquella «farsa», según palabras de Aslán Masjádov, el entonces líder guerrillero, sólo sirvió para que los separatistas encontraran un pretexto más para intensificar la lucha armada y los atentados terroristas. En octubre de ese mismo año, en la segunda fase del plan de Putin, fue elegido presidente de la república Ajmad Kadírov con el 81% de los votos. También entonces los comicios tuvieron lugar entre tiroteos y explosiones. Kadírov murió en un atentado siete meses más tarde. La violencia se recrudeció hasta el punto de que la elección, en agosto del año pasado, de Alú Aljánov, el sucesor de Kadírov, estuvo rodeada de varios atentados suicidas en aviones de pasajeros y en una estación de ferrocarril moscovita. Pocos días después de que Aljánov fuera proclamado vencedor de los comicios, también de forma abrumadora y fraudulenta, se produjo el sobrecogedor secuestro de menores en la escuela de Beslán. Los activistas de derechos humanos no son optimistas con vistas a las legislativas. Oleg Orlov, de Memorial, afirma que «la incesante violencia no deja ninguna opción para que los comicios sean libres».