Legisladores laboristas advierten al primer ministro británico que los escuche, tras el batacazo que algunos le propinaron al no votar su proyecto de ley antiterrorista
10 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Cuando la famosa campana del Big Ben londinense dio las cinco en la tarde del miércoles, al primer ministro Tony Blair ya se le había acabado el tiempo. Minutos antes había perdido por primera vez en sus ocho años de gobierno una votación en el Parlamento, debido a la deserción de varios legisladores del laborismo. No se trataba de un tema menor, sino del endurecimiento de las leyes antiterroristas que él había defendido a rajatabla. La derrota por un margen de 31 votos fue una bofetada en la cara de Blair, y la oposición aprovechó para exigir su renuncia. ¿Pero estamos realmente ante el final de la carrera política de Blair? Para el primer ministro y sus colaboradores, la renuncia es impensable. La votación «no iba sobre mi autoridad», afirmó Blair. Y añadió que concluirá su tercer mandato, que expira a más tardar en mayo del 2010. El ministro del Interior, Charles Clarke, asumió personalmente la responsabilidad de la derrota. Sin embargo, fue Blair quien se mostró inflexible para negociar la extensión del plazo que una persona puede permanecer detenida sin cargos de 14 a 90 días, como proponía su borrador. Pero incluso tras la debacle parlamentaria, Blair, quien una vez se autocalificó como «un hombre sin marcha atrás», se mantuvo firme. «Espero que no tengamos que lamentarlo», manifestó en alusión a un posible atentado. Autoridad Blair nunca quiso que la votación fuera interpretada como un voto de confianza hacia su autoridad. Pero son muchos los que piensan así. «El día más negro de Blair», tituló el periódico conservador Daily Telegraph, mientras el Times se preguntaba: «¿Es éste el principio del fin?» y el liberal Independent resumía: «El momento en el que Blair perdió su autoridad». Una autoridad que comenzó a flaquear en el debate sobre la guerra de Irak. Porque Blair se aferró a la premisa de que poseía armas de destrucción masiva. Falsa. Y confundía con creciente frecuencia autoridad con maneras autoritarias. La admirada temeridad de Blair, con la que suele imponerse en vez de buscar un compromiso, no fue bien recibida esta vez. A pesar de todo, poco antes de la votación, afirmó desafiante: «A veces es mejor perder y hacer lo correcto que ganar y hacer lo incorrecto». Blair debe aprender a escuchar a los legisladores y tomarlos en serio, dice un editorial del Times , especialmente en vista de la futura reforma del sistema de salud y educación pública. Si mantiene su estilo, «lo pagará muy caro», opinó el diputado laborista y fiel al premier Paul Farrelly.