No hay marcha atrás a la apertura

Antonia Paradela ENVIADA ESPECIAL A IRÁN

INTERNACIONAL

ABEDIN TAHERKENAREH

Elecciones en Irán | La juventud frente a las prohibiciones del régimen La música occidental está prohibida en Irán, pero suena habitualmente en la calle. Una muestra de que las libertades personales se abren paso pese a la mano dura de los ayatolás

14 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

La mayoría de la población iraní ha nacido después de la revolución islámica de 1979. Pero a diferencia de los jóvenes de otros países, ve su acceso al entretenimiento todavía muy limitado. Las restricciones del régimen iraní afectan en particular a la música, los grupos de rock occidentales están en su mayoría prohibidos. Pero los jóvenes iraníes han sabido buscar alternativas a estas restricciones. La visita a una tienda de música en Teherán es una experiencia algo descorazonadora si se busca música moderna. Hay música tradicional persa, música clásica y una colección muy limitada de cantantes occidentales: Frank Sinatra, Chris de Burgh, Cat Stevens. El grupo Queen apenas fue legalizado en el 2004. Orashe, el vendedor de la tienda de discos, me habla también de la popularidad de la música en español, como la de los Gypsy Kings, y del flamenco de Paco de Lucía, o Tomatito. Como me comenta una joven iraní, la música extranjera que se vende aquí es la de hace 20 años. Entre las mayores restricciones está la prohibición de escuchar cantantes femeninas solistas. Pero la realidad es otra. Tan pronto como salgo de la tienda de música, que está en un barrio de clase media de Teherán, se acerca uno de los vendedores clandestinos. Deja una lista de cedés en tus manos, y regresa al poco con la petición. Él puede proporcionar cantantes prohibidas como Madonna, Beyoncé o Jennifer López. El vendedor se incomoda con las preguntas. Nos cuenta que si la policía le detiene, podría acabar en la cárcel por su negocio ilegal. Y es un buen negocio: mientras los cedés cuestan tres euros en las tiendas, en la calle la música prohibida alcanza los ocho. Jatami y los nuevos aires Los últimos ocho años de presidencia del moderado Mohamed Jatami han supuesto una entrada de aire fresco para los jóvenes. El régimen ha comenzado a ser más tolerante, en un país en el que te podían enviar a la cárcel por llevar una guitarra por la calle. Hossein Moussawi, un joven iraní aficionado a la música, cuenta como después de la revolución islámica la música se convirtió en algo incorrecto. «El Gobierno empezó a decir que era mala, y contraria al Islam. Por esa razón todo el mundo quería encontrar música extranjera». Pero él ha visto cambios muy fuertes durante el Gobierno de Jatami: «Es increíble cuanto han cambiado las cosas para la gente joven. Los adolescentes se conectan fácilmente a Internet y pueden bajar cualquier tipo de música. Es muy positivo, muy diferente a lo que hacíamos antes». En el taxi me doy cuenta de que la atracción por la musica clandestina traspasa generaciones. La taxista, que es una mujer de unos 50 años, está oyendo a todo volumen pop iraní hecho por los exiliados que viven en Los Ángeles. La música refleja en muchos sentidos los contrastes entre las normas y la realidad que viven los iraníes. Muchas cosas están prohibidas: bailar y cantar en público, o los contactos entre personas de distinto sexo que no estén casadas o sean familia (en teoría a una mujer sólo la puede acompañar en la calle su marido, su padre o su hermano). La forma de vestir de las mujeres también ha sido regulada: sólo se puede mostrar el rostro y las manos, usar colores oscuros y ropa amplia que no marque las formas del cuerpo. Pero la realidad en la calle es otra. Muchas mujeres han dejado el shador . Ahora es frecuente verlas con gabardinas de colores alegres, incluso rosa y amarillo, ceñidas al cuerpo. Los pañuelos que cubren la cabeza muestran ya buena parte del cabello. El largo de los pantalones sube, en el caso de las más atrevidas, un palmo más arriba de las rodillas. Los pies descalzos, en sandalias. El maquillaje es de rigor. El morbo de lo prohibido Para Najmeh Shobeiri, una hispanista iraní educada en Madrid y responsable del Departamento de español de la Universidad Alameh en Teherán, es natural que los jóvenes se hayan rebelado ante las prohibiciones. Ella ve que muchos de sus alumnos ni siquiera son religiosos y lo atribuye al celo con que se han impuesto una moral estricta a la población iraní. «Siempre cuando oprimes a alguien, la sed por lo prohibido se va a acrecentar. Es una equivocación del Gobierno», dice. Algunos hablan de una «primavera» iraní. Las parejas jóvenes caminan juntas por la calle o se sientan en los bancos de los parques sin ser molestadas. Las fiestas en casas privadas, en las que se ven escotes, minifaldas y espaldas descubiertas, donde se sirve alcohol y se baila, ya no son interrumpidas por la policía iraní como antes. El temor de una mujer como Mariam, una joven madre, es que la tolerancia que se vive previa a las elecciones, se acabe tan pronto como se confirme la elección de un nuevo presidente. De hecho la pregunta es si los conservadores pondrán marcha atrás a la relativa tolerancia que se ha vivido en Irán en los últimos años. Pero para Najmeh Shobeiri ya no hay marcha atrás. Ella cree que el régimen iraní irá abriendo poco a poco la mano en lo que respecta a las libertades individuales. Y lo ve en los discursos de los candidatos a la presidencia: las palabras que más abundan son «democracia» y «derechos de las mujeres», la que menos, Islam.