Un mito entre rejas

C. Tristán CORRESPONSAL | TEL AVIV

INTERNACIONAL

26 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Las calles de Cisjordania sobre todo, y algo menos las de Gaza, hablan de él como de un mito, una leyenda que da vida al emblema con aires renovados de la causa palestina. Al contrario que la mayoría de los políticos, la fama de luchador incansable, de honesto, limpio y sincero de Marwan Barguti es tan indiscutible entre los palestinos como su agitada vida, donde el activismo político fue constante desde que naciera en Ramala hace 45 años cuando ya los territorios palestinos sufrían la ocupación israelí. Graduado en historia, casado y padre de varios hijos, su relevante papel en la primera intifada le valió la cárcel y la deportación a Jordania, de la que no volvió hasta la firma de los Acuerdos de Oslo, que apoyó pese a sus dudas. Elegido diputado por abrumadora mayoría en las elecciones de 1996, fue nombrado secretario general de Al Fatah en Cisjordania, un cargo que no hizo mella en sus reiteradas críticas acerca del neopotismo y la corrupción de la «vieja guardia» liderada por Yaser Arafat, cuya foto no presidía su despacho. Algo impensable. La segunda intifada lo encumbró como posible heredero del rais, hasta que el Ejército israelí lo capturó en abril del 2002, siendo condenado por un tribunal civil -que él nunca reconoció- a cinco cadenas perpetuas por lanzar una campaña de atentados sangrientos dentro de Israel.